Familia y Sociedad

DÓNDE INICIA LA PAZ

La paz comienza en nuestro interior y se fortalece en el hogar mediante la educación, el ejemplo y los valores que transmitimos a las nuevas generaciones.

DÓNDE INICIA LA PAZ

Como embajadora de la paz en Guatemala, creo que es necesario compartir conocimientos y experiencias, así como motivar a las personas a retomar el camino de los valores.

Comencemos por comprender qué significa realmente la paz, más allá del concepto que casi siempre hemos escuchado: “La paz es la ausencia de guerra”. En realidad, debemos comenzar por la paz interior, entendida como un estado mental y emocional de calma y serenidad. Esta nos permite mantener la estabilidad emocional, incluso cuando el entorno es agitado. Al cultivar esa tranquilidad interior, podemos disfrutar mejor de nuestra familia, nuestros parientes y amigos; tomar decisiones más acertadas; y superar los pensamientos negativos para actuar con paciencia y sabiduría. Pero ¿cómo lo logramos? Esa es la pregunta que muchos se hacen, y la respuesta está en la educación: la que nosotros, como padres, brindamos a nuestros hijos mediante los principios y valores que les inculcamos.

En una ocasión, una mujer de edad avanzada se encontró con una madre primeriza que llevaba en brazos a su bebé y le dijo: “Su bebé está muy lindo. Cuídelo muy bien y, sobre todo, edúquelo en casa para que nadie tenga que educárselo en la calle”. Luego sonrió y se alejó.

Al principio, la joven madre no entendió del todo el mensaje. Sin embargo, al repasarlo en su mente, descubrió el profundo significado de las palabras de aquella mujer: era un gran consejo, nacido de una realidad que puede golpear con fuerza. Con todo su amor, decidió llevarlo a la práctica con su pequeño, consciente de que un buen consejo a tiempo podría evitarle problemas en el futuro.

A veces, no corregir a tiempo puede pasar una factura de años de dolor: mal comportamiento, dificultades en la escuela y falta de respeto hacia los padres y otros familiares. Con frecuencia, estas situaciones se normalizan con expresiones como: “Ya no son los tiempos de antes”, “Ahora así son todos los niños y jóvenes”, “Si los corrijo, me pueden denunciar” o “No hace caso; ya me cansé de hablarle”. Algunos padres también dirían: “Lamentablemente, no tenemos un manual para saber cómo educar a nuestros hijos”.

Ante esto, podríamos decir que sí tenemos algo más que un manual: contamos con el libro más leído del mundo, la Biblia. Es un libro que rompe barreras, enseña y educa; también nos habla de la paz social y comunitaria, entendida como la convivencia pacífica entre las personas, basada en la tolerancia, la empatía, la resolución de conflictos mediante el diálogo y el compromiso de vivir en paz.

Podemos educar para la paz a niños y jóvenes a través de los valores y del buen ejemplo de papá, mamá, hermanos y familiares cercanos. Con los años, esos hábitos se afianzan y los acompañan en sus actos cotidianos.

Hay quienes piensan que su aportación para construir un ambiente de paz en el hogar es mínima, pero no es así. Cada acción ayuda y puede transformarse en un modo de vida que mantenga unida a la familia en los momentos difíciles.

Si logramos enseñar, inculcar, fomentar y crear conciencia sobre la práctica del respeto, la tolerancia, la justicia, la empatía, la solidaridad, la buena voluntad, la caridad, la no violencia y la no discriminación, podremos sentirnos tranquilos porque estaremos dando un paso hacia una mejor convivencia. No es una tarea fácil, pero tampoco es imposible.

La escucha oportuna de los problemas y la confianza de los hijos en sus padres pueden convertirse en grandes aliadas en la tarea de hacer valer la paz.

Paz en el alma, paz a nuestro alrededor.

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