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¿Estás formando princesas?

Yo sí quiero que mi hija sea princesa.

El estereotipo nos indica que ser una princesa implica ser una mujer hermosa, delicada, con voz dulce y que necesita que un príncipe la venga a rescatar. Ese es ciertamente el personaje de los cuentos de hadas.

La corriente feminista ha luchado contra esa educación pensando que formar a las niñas para ser princesas les enseña a ser débiles y dependientes. Ese pensamiento no podría estar más lejos de la realidad.

Una princesa es miembro de la nobleza, hija de un rey. Como tal, es la heredera directa a la corona. Este hecho, en sí, está lleno de privilegios, pero también de responsabilidades para las cuales son formadas desde muy pequeñas.

Si investigamos un poco, encontraremos que las princesas han influenciado positivamente la vida de multitudes. Sus valientes acciones han cambiado la historia de sus naciones y aún del mundo, aunque hoy no a todas se les reconozca su labor.

Tomemos por ejemplo a Grace Kelly, una hermosa actriz quien, a sus 25 años, estando en el mejor momento de su carrera, se retira del cine para unir su vida a Rainero III, príncipe soberano de Mónaco.  Pocos saben que esa unión fue lo que transformó Mónaco en lo que hoy es el centro de juegos de los multimillonarios.

La princesa Grace tuvo un papel importante para volver Mónaco a la vida después de haber caído en una depresión económica tras la segunda guerra mundial. Fue presidenta de la Cruz Roja y organizadora de El baile de la rosa, una gala benéfica que se celebra desde hace 50 años reuniendo a los personajes más ilustres del Principado.

¿Has escuchado hablar del “Ejército de la Dama”?  Es nada más y nada menos que el que formó y lideró la princesa Pingyang, hija de Gaozu de Tang. Cuando su padre es perseguido para evitar que tomara posesión del trono, la princesa valientemente se queda atrás, escondida, para formar un ejército que aseguró que más adelante fuera nombrado el Emperador Gaozu, dando inicio a la dinastía Tang, la cual duró casi tres siglos. 

Nada mal para una princesa. ¿Verdad?

Cuando Pingyang fallece en el año 623, su padre ordena darle un magnífico funeral militar, propio de un general. Si la historia les parece familiar es justo porque se dice que fue la inspiración para la película Mulán.

No podemos hablar de princesas que cambiaron la historia sin hablar de la famosa y controversial princesa del pueblo, Lady Di. Inmediatamente después de su matrimonio con Carlos, Diana desafía las reglas y protocolos de la realeza y se acerca a la gente que tanto la amaba.


Tenía la habilidad de conectar con la persona más necesitada de amor a cada lugar que llegaba y dedicó su vida, al lado de Carlos, a hacer innumerables obras benéficas.  Esto continuó después de su divorcio y hasta su muerte.

Visitaba a los huérfanos y enfermos terminales en esos momentos donde las luces y las cámaras no podían verla. Tenía la capacidad de llevarse bien con personas de diferentes clases sociales a donde iba. Era una persona positiva. Estaba llena de vida y una energía que contagiaban a todos a donde llegaba. 

Así que, pienso y vuelvo a pensar ¿por qué alguna mujer no quisiera tener la oportunidad de impactar la vida de multitudes siendo princesa, cuando su título le abre puertas de acceso que de otra forma no se abrirían y le permite lograr cosas grandes y maravillosas que son de bendición para muchos? Es más que un privilegio, es una responsabilidad, una vida de servicio.

Una princesa no vive para ella, vive para una causa mayor, la corona que representa. No sé si alguna vez has tenido la oportunidad de cargar con una corona sobre tu cabeza, pero quiero contarte que pesa. El peso de la corona es la responsabilidad con la que las princesas viven día a día. A pesar de eso, siempre las ves caminar dignas y con la frente en alto, algo que todas las mujeres deberíamos de hacer también porque todas somos hijas de un Rey Soberano que nos ha escogido para grandes planes.

Yo sí quiero que mi hija sea princesa. Que sea tratada con respeto y que tenga una voz y acciones que transformen el mundo en el que vivimos. Que sus elecciones la lleven a caminar siempre con la cabeza en alto para jamás botar su corona. Que entienda que su vida debe ser de trascendencia y que siempre habrá una causa mayor por la cual vale la pena luchar.

Por: Ana Regina

Correo: anareginatoledo@evolucionart.org

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