Charlas de Salón

¡ESTOY SIENDO ABUSADA!

Por Alejandra Arriaga

Una amiga de la niñez me llama para solicitar una cita para su hija, que tiene una fiesta muy cerca del salón.

Llega Liliana, una chica súper femenina, delgadita y muy alta, un rostro muy hermoso,  vestido de fiesta color aqua, denotando su hermosa figura, realicé un peinado y maquillaje que la hizo ver espectacular.   Empieza nuestra “charla en el salón” en la cual hablábamos de la mujer, de repente sus ojos se llenaron de agua, con un gesto de total desaprobación, dice “las mujeres venimos a ser “abusadas” a este mundo por machistas empedernidos, que están aplastando la dignidad de la mujer de forma horrenda”.

Me sorprende su palabra tan fría, ¡ABUSADA!, y a la vez tan intensa, por lo que no puedo evitar preguntar por qué se siente así, me explica: “Todo empezó cuando tenía 15 años, me vi sometida a los abusos, a pesar de mis faldas del colegio muy debajo de la rodilla, mis blusas flojas, que no denotaban nada, fui manoseada, por alguien a quien ni siquiera logré verle el rostro.  Fue indignante, ya que nadie había explorado lo más íntimo de mi cuerpo y menos de esa forma tan humillante, llena de maldad y lujuria, razón por la cual empecé a odiar ser mujer, lamentablemente no ha sido una sola vez, si no que en varias ocasiones; pero esa primera me impactó y me marcó”.

Queriendo debatir su opinión, le digo que no todos los hombres actúan de esa forma, los hay buenos, pero sin dejarme terminar, replica: “Ale, las mujeres somos abusadas desde niñas, cuando nos mal educan en el  hogar, iglesia o colegio: las niñas no hacen eso, las niñas tienen que atender al  padre, a los hermanos varones y luego tienes que casarte y atender al esposo, el hogar, debemos criar a los hijos, y  el hombre de la casa lleva el sustento al hogar, simplemente debes someterte”.

Denotando gran desagrado, da un ejemplo de como la mujer es desvalorizada en todos los medios: “El primer día de  Universidad el decano en forma de burla dijo, que había una cantidad enorme de mujeres que solo llegaban a buscar marido y que muchos hombres terminarían la carrera, pero las mujeres, con una risa socarrona, hizo una pantomima de embarazo, utilizando sus manos, dibujó un vientre; todos se reían del chiste, excepto yo, levantando la mano diciendo: <<Verá licenciado que no verá eso en mí, yo vine a estudiar, no es correcto que usted se burle de las mujeres de esa forma>>. ¿Y sabes qué? Una gran carcajada masculina masiva se escuchó.   Muchos de los varones que se rieron, no se graduaron y menos en el tiempo que yo lo hice”.

Suspirando con desaprobación, me colocó otro ejemplo: “En mi trabajo, con pénsum de maestría cerrado, no fui apta para la gerencia administrativa de la empresa, porque el trabajo necesita un hombre con carácter. Por el momento soy la secretaria de gerencia general, aunque mis notas fueron más altas, tengo cursos más avanzados que el inepto que se quedó en el puesto… Por ser mujer estoy estancada, ya que no puedo aspirar a algo más alto.

Con clara tristeza y descontento, siguió contándome: “Quise renunciar, pero nivelaron mi salario y como dijo la junta directiva misógina: “Ganas lo mismo que esta persona, tus atribuciones son las mismas, ¿cuál es el problema?” pero yo sí percibía la discriminación de género, que me impide llevar el nombre de ese puesto más alto, aunque el salario es el mismo. Estoy siendo nuevamente, ¡ABUSADA!”.

Mientras yo intentaba comprender la profundidad de lo que me explicaba, ella continuó: “Por cuestiones económicas, decidí seguir en ese empleo, superarme al máximo, luchar por hacer un capital y espero que pronto pueda a llegar a ser mi propio jefe, ya que no es posible hacerlo de otra forma”.

Me dolieron sus palabras, sé que hay una verdad oculta, porque en nuestro país la mujer aunque esté preparada para un gran puesto, son pocas las empresas que tienen de líderes a mujeres, nos tachan de histéricas, apasionadas, sentimentales, que nos podemos embarazar en cualquier momento, que no sabemos usar bien los pantalones o que podemos tomar decisiones equívocas porque actuamos con las hormonas (comentarios que en múltiples oportunidades he escuchado por hombres).

Han pasado los años y pensando en contarles esta historia, decidí hablarle a mi amiga, peguntándole por su hija, la cual me contó que ahorró muchísimo, con la ayuda de sus padres empezó su empresa, obvio liderada por ella, con el apoyo de varias mujeres y dónde también tiene hombres capaces de desempeñar altos puestos, dirigiendo y administrando bien. Actualmente el personal consta de 31 persona capaces.

Como han de suponer, Liliana decide dedicarse únicamente a ser una empresaria, sus prioridades están en acrecentar sus ingresos y como dice mi amiga: “A pesar de los comentarios o las distintas opiniones de los estereotipos que nos inculcan de cómo debemos ser mujeres, Lily se siente realizada, como empresaria, como tía, amiga, hija y sobre todo como mujer, demostrándole al mundo que el género no define el éxito o fracaso de alguna persona.  Que todo el que lucha por su ideal siempre tarde o temprano le llega su recompensa”.

Como vemos no todos tenemos los mismos ideales; yo como madre, abuela, estilista, hija y mujer me siento totalmente realizada, lo que vivo actualmente fue mi sueño.  Tenemos que escudriñar dentro de nosotras mismas qué deseamos ser en la vida y superar todas nuestras metas, imponiéndonos más retos.

A pesar de mis años tengo grandes proyectos que espero pronto realizar, siempre compartiendo con muchas mujeres hermosas a quienes les admiro y les veo crecer, por lo que te recuerdo: “TÚ PUEDES, SOLO DEPENDE QUE TÚ QUIERAS”.

Alejandra Arriaga

Estilista y maquillista profesional MÍSTICA Salón & Spa

Celular: 55940434

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