Bienestar Emocional

La niña, la mujer, la madre

“Cualquiera que sabe de Historia sabe que el progreso sería imposible sin la figura femenina”.

 Karl Marx. 

¡Qué frase tan impactante!, pero además de impactante, cargada de verdad.

El papel de mujer en la historia ha sido determinante para lograr cambios radicales. Para alcanzar logros icónicos como aquel 8 de marzo que muchas mujeres emprendieron la lucha que hoy nos otorga derechos. Pero, si bien la mujer es pilar de la familia, de la sociedad, ¿cómo en pleno siglo XXI podemos fomentar ese papel tan importante que, de forma innata, traemos y merecemos?

Un camino hacia el logro de esos derechos es la educación. La educación como eje central de una sociedad progresista brinda, además de conocimientos teóricos, la capacidad de reconocer su papel en el mundo y de reconocer la importancia que otros tienen en la sociedad. Es por eso que educar en igualdad es un reto.

Muchos países ya han adquirido y enfrentado este reto descomunal que, muchas veces, no comienza en un aula y que nace con la familia.

Al ser la familia el eje central de la sociedad, es también el seno de la educación y valorización de las niñas que son futuras mujeres y futuras madres. 

En nuestra sociedad, donde el machismo impera, tenemos una deuda social con las mujeres. Nuestro país está sumido en el más grande abandono de la protección hacia la mujer. Un abandono que se ha traducido en muertes y miedo que llenan de luto miles de hogares.

Pero no es la solución matar a quien mató. La solución es más profunda, radica en comprender el valor del género femenino. El esfuerzo debe estar dirigido en educar, tanto mujeres como hombres, a valorizar a los seres humanos.

Desde las aulas el objetivo debería ser fomentar respeto hacia las niñas, empoderarlas y hacerlas creer en sí mismas.

A los niños, fomentando su autoestima para que no se vean amenazados por una mujer segura. Enseñarles a que reconozcan que una mujer puede ser su mejor “socia de vida”.

Desde el hogar, fomentar el valor humano de niños y de niñas. Ambos juegan un papel importante en la sociedad y se complementan. Haciendo una analogía con la mercadotecnia, ambos son socios invaluables, cada uno aportará a la empresa su capital y por ello crecerán.

Es así como la mujer, la niña, la madre es nuestro mayor bien. Por ello, invirtamos en ella, en educarla, en formarla. Estamos invirtiendo en uno de los mayores socios de esta gran nación.

Lourdes López

Licenciada en Educación

http://@lou.lopezc

Correo: 2109lourdes@gmail.com

 

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