De Cabeza

MAL – DECIR

Por Rita Ambrosy

Cuántas veces hemos dicho algo de alguien “solo como un comentario”, algo negativo, hiriente, que no edifica o hemos asegurado algo como “le va a ir mal en su vida, si sigue así…”. 

Cuánto sabemos del poder que tiene la palabra, cuánto conocemos de la energía que puede llegar a emanar de una sola palabra.  Hagamos hoy un alto para conocer ese “gran poder” que tiene la palabra.

Como ya les he contado antes a algunas que me han leído, vivía en la casa de mis sueños literalmente hablando, pero todo empezó a cambiar de la noche a la mañana.  Mucho de los cambios se vinieron con la Pandemia eso esta más que claro, pero otros fueron sucediendo sin explicación.  La situación en las finanzas familiares, se vieron grandemente afectadas, pero el resto de las áreas de nuestras vidas estaban muy bien.  Es más, muchas cosas fueron confirmándose en estos años y sucediendo otras que habían estado retenidas hace mucho tiempo atrás.

La salud gracias a Dios ha sido una de esas áreas que no se ha visto afectada con esta pandemia, se cumplieron sueños que ya tenían años de estar sin avance, entonces regresamos a ver las finanzas.  Claro muchas empresas y negocios quebraron o están muy mal por esta misma situación, eso es más que entendible, pero mi familia y yo vivimos ciertas situaciones que eran más que nada una serie de sucesos que iban uno tras de otro. Como una cadena de situaciones negativas, en un desfile lento, oscuro y hasta podría decirse lúgubre.

Hablando con Dios y preguntándole porque razón nos estaban pasando estas cosas, un día cualquiera estaba lavándome los dientes y se me viene muy claro la palabra “maldiciones” y nótese que no fue en singular, no fue “maldición”, fue en plural, más que una.  En ese mismo momento comencé a orar y hablar con Dios, a pedirle revelación que si esto que había escuchado era porque El me lo había dicho, que por favor me mostrará de donde venían esas maldiciones.

Entonces empecé a investigar más sobre las maldiciones, para empezar si separamos la palabra y vemos su significado por aparte es “mal decir”, es decir mal de algo o alguien y la palabra tiene poder.  Si vemos Dios hizo todo lo creado a través de la palabra en Genesis 1:3 dice Entonces Dios dijo: Que haya luz; y hubo luz. En Genesis 1:9 Entonces Dios dijo: Que las aguas debajo del cielo se junten en un solo lugar, para que aparezca la tierra seca; y eso fue lo que sucedió.  Y así sucesivamente a través de todo Genesis vemos que Dios dice y las cosas suceden. Entonces podemos ver que la palabra tiene poder, tanto para bendecir o crear, como para maldecir.

En Santiago 3 se habla del control de la lengua, por ejemplo, en Santiago 3:6 dice, de todas las partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende.  Que fuerte si nos ponemos a analizar palabra por palabra de este fragmento. Dice que la lengua es una llama de fuego, muchas veces decimos cosas sin pensar en lo que estas pueden llevar o desencadenar, peor aun si puede lastimar a alguien y afectar directamente su vida.

Entonces, estaba orando cuando se me vienen 2 nombres a mi mente, pedí confirmación a Dios y lamentablemente la recibí. Una de ellas era una persona que era muy cercana a mí, pero desde hace un par de meses por situaciones de la vida me empecé a alejar. Ya no me sentía a gusto, no me sentía cómoda y mucho menos querida.  Era todo lo contrario, era incomodo estar compartiendo lo que antes era tan normal, bien dice que uno debe de hacerle caso llamémoslo como quieran, a la energía, presentimiento o como yo pienso al Espíritu Santo hablando a mi corazón.  Haciendo memoria, sí muchos de sus comentarios eran negativos, eran con un tono de juicio, hirientes hasta cierto punto. Muchos de sus comentarios eran justamente dirigidos a la parte de las finanzas de la familia o a la capacidad nuestra de salir adelante. Entonces ahí supe que había tomado la mejor decisión de alejarme.

La otra persona para nada era cercana, pero si teníamos una relación directa por cierta circunstancia en común, creo que de esa fuente fue de donde recibimos más maldiciones que de cualquier otro lado. Estas maldiciones empezaron justamente casi hace 2 años y si hago memoria en ese tiempo fue cuando empezó a cambiar nuestra situación en las finanzas. No era por envidia ni nada por el estilo, sino mas bien fue por dudar de nuestra capacidad y sé que investigaba algunos de nuestros movimientos. Empezó a murmurar y declarar con su boca palabras y juicios negativos para nuestra familia.  Yo sabia que lo hacía, pero jamás imagine que fueran a tener tanto poder.

Terminamos toda relación en buenos términos, según nosotros, pero obviamente no lo fue así para la persona y esto desencadenó aún más ataque y cada vez veíamos como se nos iban derrumbando uno a uno lo que nos había tomado tanto tiempo construir. Lamentablemente me tomó casi año y medio darme cuenta de esto.  Porque hoy que lo sé, tengo las herramientas necesarias para terminar con ese ciclo de maldición, no es necesario que nos hagan brujería (que si la existe) o que nos lancen algún conjuro, para que nos vaya mal.  Basta que alguien hable mal de nosotros, diga palabras negativas, destructivas para que lleguen estas a hacernos mal.

Es por esa razón que ahora quise compartirlo en este espacio que se me da la oportunidad de comunicarme con ustedes, para que antes de hablar pensemos si lo que está por salir de nuestra boca, son palabras que van a bendecir o edificar a alguien o por nuestras palabras podemos dañar no solo a una persona, sino a una familia completa.

Que seamos capaces de refrenar nuestra lengua y ahora que sabemos que nuestras palabras tienen poder de vida o de muerte, seamos sabias escogiendo decir solo palabras que sumen, edifiquen y bendigan a los demás. Se puede poner fin a esto, pero no lo podemos hacer solas, debemos ir y buscar la ayuda correcta y si mi lucha no es contra carne, ni sangre.  Si no contra espíritus, mi ayuda debe de venir de la fuente que derriba todo temor y todo mal, debe de venir de Dios.

Les dejo paz y amor,

Rita Ambrosy

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