+Que Mamá

No soy SUPER mamá, solo soy una mamá REAL

Para iniciar debemos estar seguras que ningún niño necesita de una super mamá.

“La vida es como los panqueques, quizá no todos salgan redonditos, pero siguen siendo deliciosos”.

Es sumamente importante disfrutar de la maternidad, pero hay que ser realista, es el trabajo más maravilloso del mundo, pero es un trabajo agotador al que te dedicarás el resto de tu vida. Habrá muchos momentos buenos e irremplazables, pero no necesariamente todos los momentos serán iguales.

¿Alguna vez te has dado cuenta que te exiges mucho en todo lo que haces? Ser una buena madre, buena esposa, llevar la casa a la perfección, ser buena cocinera, hábil con las manualidades, trabajadora, acompañado de un largo etcétera, y eso no te sienta nada bien.

Debes tomar en cuenta que todas esas exigencias te llevan a un desgaste físico, psicológico y emocional, ya que vas en contra de lo que realmente necesitas, que es descansar, dedicarte tiempo a ti y, sobre todo, tiempo de calidad para tus hijos.

No necesitas ser buena en todas las cosas, quizá no eres buena en matemática, nunca te gustó, y te esfuerzas mucho para ayudar a tus hijos con las tareas escolares, y eso está bien, la mayoría de veces puedes buscar junto a ellos las respuestas, porque claro, no eres perfecta y aún así te quieren, te admiran y eso al final es lo único que importa.

A causa de la cuarentena el cuerpo y las emociones han sufrido cambios muy parecidos a los sufridos cuando estabas en la cuarentena posterior al parto, ¿Lo recuerdas? Claro, tanto tu cuerpo como tus emociones necesitaron tiempo para recolocarse, no fue automático, pasaron varios meses para lograrlo, ¿por qué esta vez sería diferente?

Así como en la cuarentena post parto, ves los medios de comunicación y allí te das cuenta de que alguna famosa ha salido del hospital y está estupenda, sin rastros del embarazo, y todo ha ido perfecto; si a ti no te fue igual sientes que fracasaste. Igual pasa el resto del tiempo, si ves que hay mamás que parecen sobrellevar muy bien la maternidad y la vida dirigiendo la educación en casa. Pero no para todas es igual, y eso no te hace una mala mamá, solamente una mamá real.

Por esta razón, debes bajar el nivel de exigencia, y priorizar en las cosas más importantes.

¿Cómo hacerlo?

Cuídate: para atender a tu familia necesitas cuidar de ti también siempre que puedas. Debes darte cuenta que si solo te encargas de los demás, te olvidas de ti misma, y eso no te permite recuperar energías para continuar. Cuídate con cosas sencillas como salir a caminar un ratito, tomándote el tiempo de tomar una ducha no hacerlo a la carrera, ponerte tus cremas, comer algo especial, dormir o hasta tomarte un café con una amiga.

Cubre tus necesidades básicas siempre que puedas: dormir, comer, bañarte. La clave es priorizar esto por encima de las tareas domésticas. Debes aprender a asumir que la casa no está perfecta, pero está limpia y es habitable (procura no dejar cosas en medio, limpiar lo imprescindible, cocina cosas sencillas).

Pide ayuda: toda la familia está dispuesta a ayudar, si les pides lo que necesitas o mejor dicho si distribuyes las tareas, no todo lo debes hacer tú, recuerda, la casa limpia y habitable, no debe ser portada de revista.

La relación de pareja: Busca momentos para sentirse cerca, para ser una pareja, dense tiempo para miradas cómplices, caricias, abrazos y risas, etcétera.

Confía: Sigue tu instinto, confía en ti. Sigue el instinto de tus hijos, confía en ellos. Siéntete segura con lo que haces, siéntete tranquila y en paz. Tú decides, no eres super mamá, por eso habrá momentos en los que aciertes, pero también puedes equivocarte. Puedes cambiar de opinión, rectificar, dar un paso hacia adelante y tres hacia atrás. Simplemente debes permitirte ver diferentes posibilidades, tener una mirada abierta y confiada. Recuerda que TODOS estamos APRENDIENDO, y como decía el Dr. Perls “Aprender es descubrir que algo nuevo es posible”.

Vive el presente: Presta atención al hoy, evita planear el futuro, muchos de los miedos y las inseguridades surgen cuando piensas en planear el futuro, por lo tanto, debes planificar lo justo. Es decir, hay momentos en los que es mejor improvisar, decidir sobre la marcha, en el mismo momento. Y si tienes planes debes tener la capacidad para cambiar, atiende el momento presente, ve la necesidad que surgió, el aquí y ahora, y si es necesario hacer cambios, hazlos con tranquilidad, encontrando un equilibrio y  sobre todo bienestar.

Y por último… ¡Ponle humor! Si algo sale mal o al revés de cómo lo esperabas. Si tus hijos no se están comportando como quieres, deseas hacer algo y no puedes, si te enfadas…  A todo eso “desagradable” acompáñalo de unas cuantas risas y verás como parece que lo llegas a ver de otra manera.  ¡Resulta que no es tan grave como lo pensabas!

No olvides que no eres una super mamá, sólo eres una mamá real que ama a sus hijos, que comparte con ellos todo el tiempo que puede permitirse y que intenta transmitirle los valores que cree que son necesarios para sobrevivir en este mundo que habitamos.

Revista Femenina

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