Desde AdentroFamilia

¡Sé libre para decidir!

Por Yazmin Di Maio

Hoy quiero hablar de uno de los regalos más grandes que Dios nos dio desde el inicio: el libre albedrío, es decir, la libertad de tomar decisiones por nosotros mismos.

Es un regalo tan grande, que muchas veces lo tomamos a la ligera. Desde lo más pequeño hasta lo más grande como por ejemplo ¿qué ponerme hoy? ¿una blusa blanca o amarilla? ¿qué desayunar? Y cada vez se va poniendo en riesgo más y más, aunque no lo notemos, como ¿hago ejercicio hoy o no? Esta respuesta tiene un impacto en mi salud general. O bien ¿me levanto a tiempo y llego al trabajo en horario o decido levantarme tarde y llegar después? Todos los días tomamos decisiones que van determinando el camino hacia el éxito o el fracaso de mis metas.

Además, hay veces en la vida en que las decisiones se tornan más complejas, más trascendentales, como por ejemplo ¿acepto decirle que sí al chico que me pidió que fuera su novia? O bien, ¿acepto casarme con mi novio? Son tantas las decisiones a las que nos enfrentamos en la vida, pero son pocas las personas que se toman el tiempo para reflexionar sobre el maravilloso regalo de decidir.

En el poder de las decisiones radica mi éxito o fracaso. No quiere decir que siempre voy a tomar las decisiones correctas, pero el porcentaje de decisiones equivocadas baja considerablemente si utilizamos algunas herramientas para aprender a decidir:

  1. No respondas a la ligera. Toma un tiempo oportuno para reflexionar. Muchas decisiones requieren prontitud, nos vemos arrinconadas para decir SÍ o NO de manera inmediata. Nos sentimos malas personas si no lo hacemos. Sin embargo, las decisiones más sabias se suelen tomar con un tiempo de reflexión. Debes aprender a no considerarte una persona ¨mala¨ o ¨tonta¨ si no respondes inmediatamente.
  1. Acostúmbrate a evaluar los pros y los contras. Si analizas los pros y contras, incluso si los escribes, verás cómo la respuesta se puede ir esclareciendo más fácilmente.
  1. Considera a todas las partes involucradas. Aunque pareciera que son decisiones personales (porque la estoy tomando yo), muchas veces sí afectan a otros, para bien o para mal. Considera y evalúa las consecuencias de tus decisiones. Este es uno de los aspectos más difíciles, porque por no considerar a los demás, tomamos decisiones que muchas veces les generan secuelas de por vida a otros. Esto va intrínsecamente relacionado con nuestro nivel de responsabilidad y conciencia.
  1. Las decisiones más importantes, son las más difíciles de tomar y por lo tanto, no temas preguntarle a otros que ya han recorrido ese camino y cuya experiencia, pueda serte de ayuda.
  1. Los ingredientes principales para disfrutar de tu libertad son la responsabilidad y el respeto. Si soy responsable, evaluaré más a detalle las consecuencias de mis actos. Si soy respetuoso, tomaré en cuenta los sentimientos y límites ajenos al tomar una decisión, no solamente los míos.
  1. No te sientas mal si has decidido mal en el pasado. TODOS lo hemos hecho. La experiencia evaluada (¡SÍ, evaluada!) te brinda la oportunidad de tomar mejores decisiones en el futuro. Todos tenemos experiencias de vida, el problema es que no todos nos detenemos a analizarlas a profundidad. De este análisis viene el verdadero APRENDIZAJE y lo valioso de la vida, para no cometer los mismos errores y mejorar nuestra calidad de vida. Aún de las peores experiencias, podemos elegir tomar los mejores aprendizajes.
  1. TÚ y solo TÚ eres la dueña de tu destino, a través del poder de tus decisiones. Por eso, ORA sin cesar, pídele a Dios sabiduría para tomar decisiones correctas.  El impacto de tus decisiones viene de una voz DESDE ADENTRO, que te indica si vas en el lado correcto. Dios te brinda esa vocecita interior que te indicará el camino.

Cuando le hablo a mis hijos pequeños del tema de la libertad, siempre les hago énfasis en un ejemplo simple, pero poderoso: digamos que a mí me hace feliz matar. Tengo la libertad de decisión. Pero matar no es correcto. No respeta la libertad del otro. No respeta las leyes. No es responsable. Por lo que no necesariamente todo lo que me haga feliz y tenga libertad de decisión para hacerlo, es lo correcto. Como Jean-Paul Sartre decía: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”.

Y cierro con una de las famosas frases de Miguel de Cervantes en -Don Quijote de la Mancha-: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida y por el contrario el cautiverio, es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Yazmín Di Maio

Coach, comunicadora, entrenadora en valores y conferencista.

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