El mapa de tu placer: Cómo recuperar tu cuerpo y volver a encender tu centro

El mapa de tu placer: Cómo recuperar tu cuerpo y volver a encender tu centro

¿Cuándo fue la última vez que sentiste que tu cuerpo te pertenecía solo a ti? Si eres mamá, es muy probable que te cueste recordar ese momento. Desde que nacen nuestros hijos, nuestro cuerpo se transforma en una hermosa (pero agotadora) herramienta de servicio: sirve para cargar, consolar, alimentar, limpiar y trabajar sin parar. Sin darnos cuenta, nos mudamos a vivir por completo a nuestra cabeza para poder coordinar la casa, la comida y las tareas, y dejamos abandonado nuestro cuerpo de la cintura para abajo.

La pelvis y nuestra zona íntima se convierten en la "zona olvidada". Muchas veces solo nos acordamos de que existen cuando nos duele la espalda, sentimos pesadez o cuando se nos escapa una gotita de pipí al estornudar. Y claro, cuando llega el momento de la intimidad con la pareja, el panorama no es muy alentador.

El peso del "tengo que": Cuando el sexo se vuelve otra tarea más

Hablemos con total honestidad. Para muchas mamás, la sexualidad deja de ser un espacio de disfrute y se convierte en un pendiente más en la lista de tareas del día. Estás en la cama, pero tu mente sigue en la cocina, pensando en si apagaste la estufa, en el uniforme de mañana o en lo cansada que estás.

Cuando intentas conectar desde ese estado, lo que aparece no es el placer, sino el displacer. Te sientes desconectada, "apagada", adormecida o incluso sientes molestia y dolor. Tu cuerpo simplemente no responde porque está agotado. Y es que no puedes disfrutar de un encuentro íntimo si estás usando la poquita energía que te queda para "cumplir". El placer no florece bajo presión; el placer necesita espacio, aire y, sobre todo, que estés verdaderamente presente en tu piel.

El candado del estrés y el diafragma

¿Por qué nos cuesta tanto sentir placer cuando estamos estresadas? No es solo una cuestión de "ganas", es un tema de cómo reacciona tu cuerpo físicamente.

Imagina que tienes un candado invisible justo en la boca del estómago. Ese candado es un músculo llamado diafragma. Cada vez que andas corriendo, que te preocupas por el dinero, que te enojas o que te sientes rebasada por la crianza, ese candado se aprieta con fuerza. Al tensarse, empuja con mucha violencia todo el peso de tu abdomen hacia abajo, aplastando directamente tu suelo pélvico y tus órganos sexuales.

Piensa en esto: si tus músculos íntimos están aplastados, tensos y sin una buena circulación de sangre, es físicamente imposible que sientas rico. Tu cuerpo está en modo "sobrevivir a la rutina", y en ese modo, la orden que recibe tu cerebro es cerrar las puertas al placer.

 

Una pausa para ti: ¿Qué te está diciendo tu cuerpo justo ahora?

Antes de seguir leyendo, te invito a hacer un pequeño experimento. No te tomará ni un minuto. Ahí donde estás sentada o parada, cierra los ojos un instante. Lleva una mano a la boca de tu estómago y la otra a tu vientre bajo.

Respira como lo haces normalmente y nota: ¿dónde se siente el aire?, ¿está atrapado arriba en tu pecho?, ¿sientes la boca del estómago dura como una piedra?, ¿cómo se siente tu zona íntima?, ¿hay tensión, pesadez, o la sientes completamente desconectada, como si fuera territorio ajeno?

Hacer esta pausa es el primer paso de tu mapa sensorial. No te juzgues por lo que encuentres. Si descubres tensión o adormecimiento, dale la bienvenida a esa información. Tu cuerpo te está mostrando el camino de regreso a ti. Para encender el placer, primero hay que reconocer dónde se quedó guardado el displacer.

El hipopresivo: El interruptor para "despertar" allá abajo

Una vez que te das cuenta de cómo estás, necesitas una herramienta que te ayude a cambiar el chip del cuerpo. Y ahí es donde el hipopresivo hace magia, pero no para lucir un abdomen plano, sino como un rescate directo para tu sexualidad.

Imagina que este ejercicio es como un gran botón de reinicio para tu zona baja. Cuando aprendes a colocarte en una postura correcta, abres las costillas y haces esa respiración especial donde metes el abdomen (la apnea), lo que ocurre adentro es maravilloso: es como una aspiradora que levanta todo ese peso que estaba aplastando tu pelvis.

Al quitarle la carga y la presión a tu suelo pélvico, la magia sucede: la sangre vuelve a correr libre y abundantemente por toda tu zona íntima. La sangre lleva oxígeno, calor y vida. Es exactamente como encender la luz en una habitación que llevaba años a oscuras.

Tu nuevo mapa sensorial: Del bloqueo al gozo

Al practicar estos minutos al día, empiezas a redescubrir tu mapa sensorial. Empezarás a notar sensaciones que ya habías olvidado: calorcito en la pelvis, una mayor capacidad para relajarte y, sobre todo, vas a recuperar la sensibilidad. Al liberar la tensión física de esos músculos, el dolor o la molestia durante la intimidad empiezan a ceder, dejándole el terreno libre al placer.

Dedicarte esos diez minutos al día no es egoísmo ni un lujo; es el acto de amor propio más grande que puedes hacer. Al recuperar tu centro, dejas de ver la intimidad como una obligación con tu pareja y la recuperas como un derecho tuyo. Porque una mamá que habita su cuerpo y sabe sentir placer abajo, es una mujer que camina con más seguridad, más equilibrio y más alegría por la vida. ¡Te mereces volver a encender tu luz!

Por:

Psicologa Karin Garcia

cienciaypasion.com