Pulso interior
Lo correcto no siempre es lo fácil
Hacer lo correcto parece sencillo cuando no existe nada que perder. Es fácil hablar de honestidad cuando decir la verdad no tiene consecuencias, defender nuestros principios cuando todos están de acuerdo con nosotros o cumplir nuestra palabra cuando hacerlo resulta conveniente. La verdadera prueba comienza cuando nuestros valores entran en conflicto con nuestra comodidad.
En algún momento todos enfrentamos decisiones en las que sabemos perfectamente qué deberíamos hacer, pero también conocemos el precio de hacerlo. Decir la verdad puede provocar una conversación incómoda. Reconocer un error puede afectar nuestra imagen. Rechazar una oportunidad puede significar perder dinero. Defender a alguien puede colocarnos en una posición difícil. Pedir perdón puede exigir que dejemos el orgullo a un lado. Es precisamente allí donde los principios dejan de ser palabras y se convierten en carácter.
La vida constantemente nos ofrece caminos más fáciles. Pequeños atajos que parecen no tener consecuencias, silencios que podrían beneficiarnos o explicaciones que permiten trasladar nuestra responsabilidad a alguien más. Muchas veces nadie descubriría lo ocurrido. Sin embargo, existe una persona que siempre conoce la verdad: nosotros mismos.
Por eso hacer lo correcto no depende únicamente de las consecuencias externas. También tiene que ver con la clase de persona en la que decidimos convertirnos. Cada vez que sacrificamos un principio por conveniencia hacemos algo más que resolver una situación momentánea: enseñamos a nuestra conciencia hasta dónde estamos dispuestos a ceder cuando existe suficiente presión.
Esto también sucede en nuestras relaciones. A veces lo fácil es evitar una conversación necesaria para no provocar incomodidad, mientras lo correcto es hablar con respeto antes de que el silencio se convierta en distancia. Lo fácil puede ser devolver una ofensa; lo correcto, decidir que el dolor recibido no determinará nuestra manera de actuar. Lo fácil es desaparecer cuando alguien nos necesita; lo correcto puede ser permanecer incluso cuando no sabemos exactamente qué decir.
En el trabajo y los negocios, esta diferencia puede resultar todavía más evidente. Hay decisiones que ofrecen beneficios inmediatos, pero comprometen nuestra credibilidad. Podemos obtener una ventaja ocultando información, atribuyéndonos un mérito que no nos pertenece o haciendo una promesa que sabemos que difícilmente podremos cumplir. Tal vez funcione una vez. Quizá incluso nadie lo descubra. Pero una carrera sólida no se construye únicamente con resultados; también se construye con la tranquilidad de saber cómo fueron obtenidos.
Elegir lo correcto tampoco significa creer que siempre tendremos una respuesta perfecta. Hay situaciones complejas donde dos valores pueden entrar en conflicto y ninguna decisión parece completamente sencilla. En esos momentos necesitamos detenernos, escuchar, buscar consejo y preguntarnos no solo qué nos beneficia, sino qué decisión podremos defender mañana con la conciencia tranquila.
También debemos aprender que hacer lo correcto no garantiza recibir algo bueno inmediatamente a cambio. Podemos actuar con honestidad y perder una oportunidad. Podemos tratar correctamente a alguien y no recibir el mismo trato. Podemos cumplir nuestra palabra mientras otra persona incumple la suya. Los principios perderían su significado si únicamente los practicáramos cuando existe una recompensa asegurada.
El carácter aparece precisamente cuando decidimos quiénes seremos independientemente de la conducta de los demás.
Tal vez por eso algunas de las decisiones que más orgullo nos producen con el paso del tiempo no son aquellas que nos dieron mayores beneficios, sino aquellas en las que pudimos tomar el camino fácil y decidimos no hacerlo. Momentos que quizá nadie conoció, pero que nos permitieron conservar algo mucho más importante que cualquier ventaja temporal: el respeto por nosotros mismos.
La comodidad dura un momento. Las consecuencias de nuestras decisiones pueden acompañarnos durante años. Por eso, cuando ambos caminos se encuentren frente a nosotros, quizá convenga recordar que lo fácil y lo correcto no siempre viajarán en la misma dirección.
Y cuando llegue ese momento, nuestros principios dejarán de ser aquello que decimos creer.
Se convertirán en aquello que elegimos hacer.
"Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado."
— Santiago 4:17 (Reina-Valera 1960)