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El día que me liberé de mi captor

Yazmín Di Maio comparte cómo identificó al temor como su principal captor y qué pasos pueden ayudarnos a recuperar nuestra libertad, tomar decisiones diferentes y comenzar a vivir desde la valentía, la fe y el amor propio. Artículo Yazmín Di Maio EL DI…

El día que me liberé de mi captor

¿Te has sentido atrapada?

A veces no estamos encerradas en ningún lugar y, sin embargo, nos sentimos prisioneras. Bajo la sombra, ocultando nuestras emociones, anteponiendo la felicidad de los demás a la nuestra, viviendo pendientes de la aprobación o paralizadas por lo que podría pasar.

Mi captor era el temor.

Bajo el temor estuve prisionera durante mucho tiempo. Y lo más peligroso de un captor no siempre es la fuerza que tiene sobre ti, sino la capacidad que tiene de convencerte de que no puedes escapar.

¿Y para ti? ¿Cuál ha sido tu captor?

Puede ser el miedo al rechazo, a equivocarte, a no ser suficiente, a perder algo, a decepcionar a alguien o incluso a descubrir que eres capaz de mucho más de lo que te has permitido intentar.

“El perfecto amor echa fuera todo temor”. Desde mi fe cristiana, siempre he confiado en Dios y he procurado vivir bajo estándares de ética, paz, empatía y responsabilidad. Pero eso no significa que el temor no aparezca. La FE no significa la ausencia de miedo; significa que no tenemos que permitir que el miedo gobierne nuestras decisiones.

Con el tiempo entendí que liberarme no significaba esperar a dejar de sentir miedo. Significaba aprender a actuar a pesar de él. El antídoto del miedo es la valentía.

Y quiero compartirte algunos pasos para comenzar a recuperar la libertad:

1. Identifica la raíz de tu temor.

Podemos pasar años huyendo de algo sin preguntarnos de dónde viene realmente. ¿Qué es lo que verdaderamente te da miedo? ¿Fracasar? ¿Ser rechazada? ¿Perder estabilidad? ¿Que alguien se enoje contigo? ¿No cumplir las expectativas de los demás?

Ponerle nombre al temor es empezar a quitarle poder.

2. Cuida lo que alimenta tu mente.

Nuestro diálogo interior puede convertirse en nuestra prisión o en nuestra puerta de salida.

Pregúntate: ¿qué me estoy diciendo todos los días? ¿Estoy alimentando mi mente con miedo, comparación y pensamientos negativos? ¿O con fe, esperanza y posibilidades?

No podemos controlar todos los pensamientos que llegan a nuestra mente, pero sí podemos decidir cuáles vamos a alimentar.

Cambia el “no puedo” por “voy a encontrar la manera”. El “¿y si sale mal?” por “¿y si sale bien?”. El temor por fe y esperanza.

3. Haz un plan.

A veces sabemos perfectamente qué nos está haciendo daño, pero seguimos ahí porque no sabemos cómo salir.

Quizás no puedas cambiarlo todo de inmediato. Tal vez necesites tiempo, preparación, recursos o incluso pedir ayuda. Pero comienza por hacer un plan.

Una vida diferente requiere decisiones diferentes.

4. Ámate.

El amor propio es uno de los ingredientes clave para liberarnos de los captores que hemos permitido que nos mantengan prisioneras.

Cuando comienzas a reconocer tu valor, dejas de aceptar cualquier trato. Aprendes a poner límites. Entiendes que cuidar de ti no es egoísmo y que decir “no” también puede ser una forma de respetarte.

Y, sobre todo, comienzas a comprender que tu valor no depende de la aprobación de los demás.

A veces, liberarnos implica tomar decisiones incómodas.

Puede significar salir de una relación que ya no es sana, cambiar un ambiente laboral que nos está destruyendo, pedir ayuda, comenzar a cuidar nuestra salud, poner límites o simplemente dejar de vivir tratando de cumplir las expectativas de todos.

No siempre podremos cambiar las circunstancias de un día para otro. Pero sí podemos cambiar la manera en que respondemos a ellas y comenzar a dar pequeños pasos hacia la vida que queremos construir.

Yo no sé cuál es tu captor. Pero te puedo decir esto: no tienes que pasar el resto de tu vida siendo su prisionera. Identifica qué te está deteniendo. Alimenta tu mente con aquello que te fortalece. Haz un plan. Ámate. Y, sobre todo, ten el valor de dar el primer paso.

Haz que cada día cuente.

Te dejo esta reflexión de William George Ward: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”.

Yazmín Di Maio

Comunicadora. Coach, Speaker and Trainer Maxwell Leadership.

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