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Mujeres que inspiran: historias que dejan huella
Me siento privilegiada de haber coincidido, durante estos últimos meses, con mujeres valiosas, valientes y resilientes. Esta grata coincidencia, que nació de razones laborales, se ha convertido en una de las experiencias más significativas de este período.
De cada una de ellas he aprendido sobre la fortaleza, la valentía y la entereza necesarias para afrontar los obstáculos que la vida presenta.
Cada una me ha confiado parte de su historia. Escucharlas relatar aquellos episodios que las marcaron profundamente me ha generado una enorme gratitud y admiración. A pesar de las experiencias difíciles que han enfrentado, han demostrado una fortaleza que las mantiene de pie y, sobre todo, una disposición constante para aprender nuevas competencias y adquirir recursos que les permitan avanzar en su proceso de superación personal.
Trabajar con cada una de estas mujeres ha sido profundamente inspirador. Verlas llegar a los diferentes espacios con entusiasmo, disposición y una sonrisa se ha convertido en un motor para continuar acompañando estos procesos.
Al final, las horas de viaje y las rutas recorridas hacia distintas comunidades del interior del país adquieren otro significado cuando se comprende todo lo que ocurre en esos espacios de encuentro y aprendizaje.
En el camino de regreso a casa suelo reflexionar sobre lo que me dejó cada jornada de trabajo y sobre lo afortunada que he sido desde que decidí incursionar en la comunicación para el desarrollo y el cambio de comportamiento.
He aprendido de su carácter, de su tenacidad y de su convicción por construir un futuro diferente para sus hijas, hermanas, nietas y para otras mujeres de sus comunidades. Un futuro en el que puedan ejercer plenamente sus derechos y comenzar por algo tan esencial como recibir un trato digno e igualitario dentro de sus propios contextos.
Quiero aprovechar este espacio para rendirles un pequeño tributo.
Las une una convicción: alzar la voz para romper los ciclos de violencia que han marcado sus historias, algunas desde la infancia y otras a partir de la adolescencia.
Sobrevivir a estas experiencias no ha sido fácil. Sin embargo, han encontrado apoyo en entidades especializadas donde han podido informarse, reconocer sus derechos y sumar nuevas herramientas para visibilizar sus experiencias y convertirse, también, en voces capaces de contribuir a generar cambios en su entorno.
Ver su emoción al aprender nuevas formas de comunicación —mejorar su expresión oral, utilizar plataformas digitales o atreverse a hablar frente a un micrófono— también me ha enseñado mucho a mí.
Observar cómo se ponen a prueba, enfrentan sus miedos y dejan atrás los nervios me motiva a diseñar metodologías cada vez más dinámicas y participativas, donde aprender haciendo sea el componente principal.
Sé que todavía queda mucho trabajo por hacer, pero también sé que desde mi espacio puedo aportar a generar cambios y contribuir a que más mujeres puedan vivir una vida libre de violencia.
También puedo aportar para que conozcan y ejerzan sus derechos a la educación y a la participación política, y para que utilicen sus voces y capacidades en favor de mejores condiciones de vida para otras mujeres de sus comunidades.
Cierro este texto con un agradecimiento especial por esos gestos sencillos y llenos de significado que también forman parte de estos encuentros: una flor elaborada artesanalmente por una mujer de Rabinal, una cesta para tortillas o pan hecha por emprendedoras del occidente del país, o cualquier pequeño detalle entregado con cariño.
Son regalos que trascienden su valor material porque llevan consigo algo mucho más importante: la generosidad, el afecto y la confianza de mujeres que me han permitido ser parte, aunque sea por un momento, de sus historias.
A todas ellas, gracias.
Gracias por confiarme sus historias, por compartir sus aprendizajes y por recordarme que la comunicación para el desarrollo no consiste únicamente en transmitir mensajes.
También significa escuchar, acompañar, aprender y abrir espacios para que otras voces puedan ser escuchadas.
Y esas voces, sin duda, están dejando huella y abriendo camino para muchas otras mujeres.
Por:
Patricia Orantes
Comunicadora social
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