Heartbeats
Deja de esperar el momento perfecto
Esperamos tener más tiempo, dinero o seguridad para comenzar algo importante, pero las condiciones ideales rara vez llegan. Una reflexión sobre cómo dejar de posponer nuestros proyectos y dar pasos realistas hacia lo que queremos.
Todos tenemos algo que hemos dejado para después. Puede ser una conversación que necesitamos tener, un proyecto que queremos comenzar, una decisión relacionada con nuestro trabajo o una actividad que llevamos años deseando recuperar. No siempre lo posponemos por falta de interés. A veces queremos hacerlo tanto que sentimos la necesidad de esperar hasta tener las condiciones adecuadas para que todo salga bien.
En esta tercera entrega de “Todavía estás a tiempo” hablamos de esa costumbre de esperar el momento perfecto, una idea que parece razonable, pero que puede mantenernos durante mucho tiempo en el mismo lugar.
Es fácil convencernos de que comenzaremos cuando tengamos más dinero, cuando termine una temporada complicada en el trabajo, cuando los hijos crezcan o cuando finalmente dispongamos de más tiempo. Son razones que pueden tener mucho sentido. El problema aparece cuando una condición se cumple y, casi sin darnos cuenta, encontramos otra que también parece indispensable.
La vida adulta rara vez nos ofrece períodos completamente libres de preocupaciones. Siempre hay cuentas por pagar, responsabilidades familiares, compromisos laborales y situaciones inesperadas. Si esperamos a que desaparezcan todos los pendientes para ocuparnos de aquello que queremos hacer, posiblemente seguiremos esperando mucho más de lo que imaginamos.
Pensemos en alguien que desea regresar a estudiar. Tal vez lleva años diciendo que lo hará cuando su situación económica mejore. Un día consigue un empleo más estable, pero entonces siente que no tiene suficiente tiempo. Después cambia de horario y aparece una nueva responsabilidad familiar. Poco a poco, el proyecto sigue presente en sus pensamientos, aunque nunca llega a convertirse en una decisión concreta.
Esto no significa que debamos ignorar nuestras circunstancias. Hay momentos en los que esperar es necesario y responsable. No todas las familias pueden asumir un gasto adicional, ni todas las personas cuentan con apoyo para reorganizar sus horarios. La diferencia está en reconocer cuándo estamos preparándonos para actuar y cuándo estamos utilizando la preparación como una manera de evitar la incertidumbre.
También influye nuestra necesidad de hacer las cosas bien. A veces imaginamos un comienzo tan organizado que cualquier intento más sencillo nos parece insuficiente. Queremos abrir un negocio con todo perfectamente establecido, comenzar a ejercitarnos con una rutina completa o desarrollar un proyecto personal únicamente cuando tengamos el equipo, el conocimiento y el tiempo que consideramos ideales.
Sin embargo, muchas actividades pueden comenzar de una manera más modesta. Quien quiere escribir puede dedicar algunos minutos a ordenar sus ideas. Alguien interesado en mejorar su condición física puede empezar con una actividad adecuada a sus posibilidades. Una persona que desea emprender puede investigar costos y conversar con posibles clientes antes de comprometer sus ahorros.
Esos primeros pasos no sustituyen la preparación necesaria, pero nos permiten dejar de depender exclusivamente de una intención.
Hay otra razón por la que esperamos: mientras un proyecto permanece en nuestra imaginación, todavía no tenemos que enfrentarnos a sus dificultades reales. Podemos pensar en todo lo que lograríamos sin experimentar la incomodidad de aprender, equivocarnos o descubrir que algo requiere más esfuerzo del previsto. Comenzar significa aceptar que la realidad quizá será distinta de lo que habíamos imaginado.
Y eso puede resultar incómodo, especialmente cuando sentimos que a nuestra edad ya deberíamos saber hacer ciertas cosas.
Pero ser principiantes no es una condición reservada para la juventud. Podemos tener experiencia en nuestro trabajo y necesitar orientación para aprender una habilidad nueva. Podemos haber construido una familia y no saber cómo iniciar una conversación difícil. Podemos llevar años pensando en un cambio y descubrir que necesitamos avanzar lentamente para hacerlo posible.
Quizá el verdadero problema no sea que nos falte tiempo, sino que estamos imaginando el comienzo como una decisión demasiado grande. Cuando pensamos que debemos cambiar toda nuestra rutina, invertir una cantidad importante de dinero o comprometernos durante años, es comprensible que aparezca la resistencia. En cambio, identificar una acción pequeña y concreta puede ayudarnos a evaluar nuestras posibilidades sin asumir riesgos innecesarios.
Esta semana podemos hacer algo sencillo: elegir una meta pendiente y definir una acción que podamos realizar en los próximos siete días. No una promesa general como “voy a organizar mi vida”, sino algo específico: consultar los requisitos de un curso, revisar un presupuesto, solicitar una cita o dedicar media hora a un proyecto que hemos abandonado.
Después podemos observar qué ocurrió. Tal vez descubramos que necesitamos más información, que debemos ajustar nuestros planes o que la idea ya no nos interesa tanto como antes. Todo eso también es útil. Lo importante es comenzar a tomar decisiones basadas en nuestra realidad, en lugar de seguir imaginando indefinidamente cómo sería actuar.
No necesitamos convertir cada deseo en una obligación ni llenar nuestra agenda con nuevas metas. También tenemos derecho a descansar, cambiar de opinión y reconocer que ciertas etapas requieren atender otras prioridades. Pero cuando algo sigue siendo importante para nosotros, vale la pena preguntarnos si realmente necesitamos esperar o si estamos buscando una seguridad que difícilmente llegará por completo.
Porque el momento perfecto suele parecerse mucho a una vida sin imprevistos, sin dudas y sin responsabilidades. Y esa vida, para la mayoría de nosotros, sencillamente no existe.
Quizá hoy no podamos hacer todo lo que deseamos. Pero podemos identificar qué está a nuestro alcance, qué necesitamos preparar y qué decisión hemos estado evitando.
A veces no hace falta que las circunstancias cambien por completo para comenzar. Basta con dejar de exigir que sean perfectas.
"El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará."
— Eclesiastés 11:4 (Reina-Valera 1960)
Mañana no te pierdas: No tienes que cambiar toda tu vida para mejorarla — Pequeñas decisiones que pueden hacer más llevadera tu realidad.
Sigue leyendo