Heartbeats
¿Esta es la vida que querías?
¿La vida que tienes hoy se parece a la que alguna vez imaginaste? Mirar dónde estamos no tiene que convertirse en arrepentimiento ni comparación. Puede ser simplemente una oportunidad para reconocer qué queremos conservar, qué necesitamos cambiar y hacia dónde deseamos seguir caminando.
Hoy comenzamos “La vida que estamos construyendo”, una nueva serie de Revista Femenina que nace de una pregunta sencilla, pero no necesariamente fácil de responder: ¿la vida que tienes hoy se parece a la que alguna vez imaginaste para ti?
Hay preguntas que evitamos porque sospechamos que la respuesta puede incomodarnos. Esta es una de ellas. Entre responsabilidades, trabajo, familia, compromisos, cuentas, pendientes y una rutina que parece avanzar cada vez más rápido, pocas veces encontramos un momento para observar nuestra propia vida con cierta distancia. Nos levantamos, resolvemos lo urgente, cumplimos con lo que corresponde y seguimos adelante. No necesariamente estamos mal, pero tampoco sabemos con certeza si estamos donde queremos estar.
Cuando somos jóvenes solemos imaginar el futuro con bastante seguridad. Pensamos dónde viviremos, qué trabajo tendremos, cuánto habremos logrado, con quién compartiremos nuestra vida o qué clase de persona seremos cuando lleguemos a determinada edad. Después aparece la realidad, con oportunidades que nunca contemplamos, decisiones que tuvimos que tomar antes de sentirnos preparados, personas que llegaron y otras que se fueron, planes que funcionaron y algunos que simplemente dejaron de tener sentido.
Por eso mirar nuestra vida actual únicamente desde los sueños que teníamos hace diez o veinte años puede ser injusto. Aquella persona que imaginó nuestro futuro todavía no conocía todo lo que nosotros conocemos ahora. No había vivido nuestras pérdidas, nuestros aprendizajes, nuestros errores ni esas experiencias capaces de modificar completamente aquello que consideramos importante.
Quizá soñábamos con un puesto determinado y hoy descubrimos que preferimos tener más tiempo. Tal vez imaginábamos una familia de cierta manera y la vida terminó construyendo otra. Puede que deseáramos vivir en otro país y ahora encontremos razones importantes para quedarnos, o que durante años creyéramos que alcanzar determinada cifra en nuestra cuenta bancaria significaría sentirnos realizados. Cambiar de opinión no necesariamente significa haber renunciado. Algunas veces significa que finalmente conocemos mejor a la persona que está tomando la decisión.
El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos.
Porque existe una diferencia entre haber cambiado nuestros sueños y haber abandonado lentamente nuestra capacidad de elegir. Podemos acostumbrarnos tanto a una rutina que terminamos confundiéndola con nuestro destino. Seguimos en lugares que ya no nos hacen bien porque llevamos demasiado tiempo allí, mantenemos hábitos que nunca elegimos conscientemente y postergamos decisiones importantes esperando ese momento ideal en el que todo resulte más sencillo.
También podemos caer en el extremo contrario: mirar alrededor y convencernos de que estamos atrasados. Alguien de nuestra edad compró una casa, formó una familia, cambió de trabajo, creó una empresa, viaja constantemente o parece haber alcanzado aquello que nosotros todavía estamos intentando conseguir. Las redes sociales hacen particularmente fácil convertir la vida de otras personas en una especie de calendario con el que medimos la nuestra.
Pero una vida no puede evaluarse únicamente desde aquello que se ve.
No conocemos las dudas detrás de las decisiones ajenas, los costos que tuvieron determinados logros ni aquello que otra persona cambiaría si pudiera comenzar nuevamente. Compararnos puede hacernos olvidar una pregunta mucho más importante: no dónde deberíamos estar según los demás, sino si la dirección en la que estamos caminando todavía tiene sentido para nosotros.
Hacer esta revisión tampoco significa despreciar lo construido. Al contrario. Tal vez al detenernos descubramos que tenemos cosas que alguna vez pedimos y que la costumbre hizo invisibles: una relación que nos acompaña, personas a quienes podemos llamar cuando algo sucede, un trabajo que nos permite sostener nuestro hogar, cierta tranquilidad que años atrás parecía imposible o simplemente la posibilidad de tomar decisiones que antes no podíamos tomar.
También habrá cosas que no nos gusten.
Quizá hemos descuidado nuestra salud, dejamos amistades importantes para después, vivimos permanentemente cansados o llevamos años diciendo que algún día comenzaremos ese proyecto que sigue esperando. Tal vez alcanzamos algunas metas y descubrimos que no produjeron la satisfacción que imaginábamos. Reconocerlo no debería convertirse en un juicio contra nosotros mismos. Debería convertirse en información.
La pregunta “¿esta es la vida que querías?” no tiene que responderse con un sí o un no absoluto. Probablemente nuestra respuesta contenga ambas cosas. Habrá partes que elegimos, otras que llegaron sin pedir permiso y algunas que todavía podemos modificar.
Lo importante es no vivir permanentemente en automático.
Porque mientras esperamos una gran oportunidad para cambiar nuestra historia, seguimos tomando pequeñas decisiones todos los días. Elegimos cómo utilizamos nuestro tiempo, qué relaciones cuidamos, cuánto espacio dejamos para nosotros, qué toleramos, qué postergamos y a qué cosas seguimos diciendo que sí aunque hace tiempo deseamos decir que no. Puede parecer poco, pero la acumulación de esas decisiones termina convirtiéndose en nuestra vida.
Tal vez hoy no necesitamos cambiarlo todo. Quizá solamente necesitamos volver a mirar.
Preguntarnos qué queremos conservar, qué necesitamos modificar y qué estamos persiguiendo únicamente porque alguna versión anterior de nosotros decidió que eso era importante.
No podemos volver atrás para construir exactamente la vida que imaginábamos. Tampoco necesitamos hacerlo. Todavía podemos mirar la que tenemos frente a nosotros y decidir, con la experiencia que antes no teníamos, qué queremos hacer con ella.
Porque al final quizá la pregunta más importante no sea si esta es exactamente la vida que queríamos.
Sino si estamos participando conscientemente en la vida que estamos construyendo.
"Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean rectos."
— Proverbios 4:26 (Reina-Valera 1960)
Mañana no te pierdas: Lo que haces todos los días también decide tu futuro — Cómo nuestras decisiones cotidianas terminan construyendo buena parte de nuestra vida
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