Poder Femenino

Elegir quién quiero ser

En “Elegir quién quiero ser”, la autora reflexiona sobre los patrones heredados, las experiencias vividas y las decisiones que han ido construyendo su identidad a lo largo de los años. Desde su experiencia como hija, esposa, madre, abuela, empresaria, escritora y emprendedora, plantea una pregunta esencial: ¿quién quiero ser a partir de ahora? Un texto íntimo sobre autenticidad, libertad, nuevas etapas y la posibilidad de elegir nuestra historia sin negar el pasado, pero sin permitir que este determine nuestro futuro.

Elegir quién quiero ser

Elegir quién quiero ser

Durante mucho tiempo pensé que mi historia estaba formada por las mujeres que me antecedieron y que, de alguna manera, replicar sus patrones me mantendría dentro de esa línea de sucesión hacia las nuevas generaciones.

Con el paso del tiempo fui comprendiendo que no son ellas, ni nadie más, quienes deciden qué deseamos ser en la vida.

También entendí que las experiencias vividas y las decisiones que tomamos forman parte de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser.

Nadie nos enseña realmente a ser nosotras mismas. Las mujeres de nuestro pasado hicieron lo mejor que pudieron desde su propia historia, sus experiencias y sus aprendizajes. Muchas veces intentaron protegernos de aquello que ellas mismas vivieron, pero eso no significa que debamos repetir exactamente sus caminos.

Como mujer he vivido muchas etapas. En lo personal, he sido hija, esposa, madre y abuela. En lo profesional, empresaria, escritora y emprendedora.

He conocido el amor y sus sinsabores, la alegría y la tristeza, los logros y las incertidumbres.

Todas estas experiencias han dejado huellas que, de una u otra manera, han contribuido a construir la mujer que soy hoy.

He atravesado cambios drásticos, dudas profundas y momentos que me obligaron a detenerme y preguntarme:

¿Quién quiero ser a partir de ahora?

Muchas veces es cuando la vida nos sacude que comienzan a surgir este tipo de preguntas.

En mi segundo libro, “Vida ¿Para qué te quiero?”, me cuestioné profundamente. En medio de la pandemia me pregunté: ¿qué quiero hacer y quién quiero ser a partir de ahora?

No quería seguir siendo exactamente la misma. Quería crecer, mejorar y encontrar una forma de vivir más coherente conmigo y con los demás.

Cuando no estamos bien con nosotras mismas, empezamos a preguntarnos qué necesitamos cambiar. No para agradar a otros, sino para sentirnos en paz con quienes somos y con la mujer que deseamos proyectar.

Eso fue lo que hice.

Comencé a hacerme preguntas y a buscar dentro de mí las respuestas que necesitaba, como si estuviera atravesando una sesión de coaching conmigo misma.

Fui respondiéndome una a una, tratando de comprender el porqué de muchas cosas y, sobre todo, identificando aquello que ya no quería seguir haciendo.

Llegué a una conclusión importante: no quería continuar aparentando ser alguien que no era.

Quería ser auténtica.

Aceptar mis luces y mis sombras. Reconocer mis fortalezas y también mi vulnerabilidad.

Entendí que estar en paz conmigo misma comenzaba por dejar de repetir patrones antiguos y dejar de buscar la aprobación de los demás.

No se trataba de convertirme en una persona completamente distinta, sino de atreverme a ser yo misma, con verdad, libertad y sin necesidad de justificarme.

Los años me han dejado muchas lecciones, y una de ellas es comprender que no puedo cambiar todo lo vivido, pero sí puedo decidir qué lugar tendrá en mi presente.

Puedo quedarme mirando aquello que no fue o agradecer lo que me enseñó.

Puedo vivir intentando cumplir expectativas ajenas o atreverme a reconocer mi propia esencia.

Y eso es algo que deseo transmitir a otras mujeres.

No necesitamos parecernos a nadie para tener valor.

No necesitamos pertenecer a un grupo selecto de la sociedad para sentir que somos suficientes.

No necesitamos cambiar nuestra esencia para encajar.

Nuestra autenticidad también se construye a través de las decisiones difíciles, del valor para transformar nuestro entorno, de nuevas maneras de vivir y de la posibilidad de comenzar otra vez.

Elegir mi historia no significó negar mi pasado.

Al contrario: significó abrazarlo sin permitir que determine mi futuro.

Significó no perder de vista a la mujer que fui y, al mismo tiempo, darle espacio a la mujer que todavía estoy aprendiendo a ser.

Hoy sigo teniendo sueños, proyectos y muchas preguntas.

Sigo aprendiendo, escribiendo y descubriendo nuevas versiones de mí, porque he entendido que nunca es demasiado tarde para elegir distinto.

Al final, quizá la decisión más importante no sea encontrar el camino perfecto, sino tener el valor de preguntarme cada mañana:

¿Qué mujer elijo ser hoy?

Porque elegir mi historia también significó elegirme a mí misma.

Lesbia Alvarez
lessalvarez@gmail.com
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