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Sí a la vida tal como es
El 21 de noviembre de 2023 soñé con una libélula turquesa que me envolvía en sus alas. Al despertar, supe que estaba embarazada.
Después de dos tratamientos de fertilidad, a mis 43 años, llegaba el milagro. En sueños veía niños y escuchaba que esperaba un varoncito. Aún sin una prueba positiva, llevé mis manos al vientre y agradecí.
Al escuchar la canción Te esperaba, la prueba confirmó mi milagro: Miguel Ángel.
El 26 de diciembre escuché sus latidos, el sonido más hermoso de mi vida. Lo llamé “el niño que salvó mi Navidad”. Pero en la séptima semana, durante un ultrasonido, la doctora me dijo: “No hay latidos”.
Mi mundo se derrumbó.
Tras el legrado, mi hijo se fue entre desechos hospitalarios, sin un entierro digno. El duelo fue devastador: noches de insomnio, culpa y lágrimas. Pedí a mi familia que me dejara llorar.
Encontré consuelo en la lectura, en libros de duelo y tanatología. Poco a poco comprendí que mi hijo no murió: trascendió. Su misión fue breve, pero perfecta. Me enseñó a decirle sí a la vida, incluso cuando dolía.
Hoy lo nombro, lo honro y celebro su existencia. Aunque no esté físicamente, vive en cada latido de mi corazón.
Soy mamá celestial, maternando con los pies en la tierra a quien vive en el cielo.
Miguel Ángel me mostró que incluso en el dolor más grande puede nacer el amor más puro. Ese es su legado: enseñarme a vivir, perdonar y honrar la vida tal como es.
Por: Patricia Figueroa
Coach sistémica y consteladora familiar en el agua
Instagram: @si_talcomoes