Un febrero lleno de promesas

Un febrero lleno de promesas

Febrero no es un respiro después del arranque: es la prueba de lo que dijimos en enero. Llega para convertir propósito en evidencia, ilusión en constancia y palabras en hechos visibles. Un febrero lleno de promesas no se mide por lo que proclamamos, sino por lo que sostenemos, aun cuando el ánimo afloja y el ruido vuelve a tocar la puerta.

Prometer es fácil; cumplir es carácter. Por eso este mes no va de discursos, va de verdad con responsabilidad: decir lo que es, hacer lo que toca y reparar cuando fallamos. La verdad sin acción se vuelve excusa; la acción sin verdad se vuelve fachada. Necesitamos ambas: claridad para elegir y disciplina para permanecer. Si caímos en enero, nos levantamos en febrero. Si dudamos, preguntamos. Si duele, respiramos y seguimos. No claudicar no es hacer todo perfecto; es no abandonar lo que importa.

Que este febrero te encuentre lejos del perfeccionismo y cerca de la coherencia. Menos promesas grandilocuentes, más pasos pequeños repetidos. Menos buscar aprobación, más honrar tu paz. Hazlo simple y real: dormir a tiempo para pensar mejor, mover el cuerpo para cuidar la mente, hablar con verdad aunque tiemble la voz, poner límites que protejan lo que estás construyendo, servir en silencio porque el servicio también ordena. La perseverancia se nota en lo cotidiano: en la llamada que haces, en el hábito que mantienes, en el “no” que te cuida y en el “sí” que eliges con sentido.

No nos rendimos. La esperanza no es ingenuidad: es dirección con pruebas. Si algo quedó abierto, ciérralo con respeto. Si algo te sostiene, practícalo con devoción. Si algo te frena, suéltalo con coraje. Febrero es un puente: del deseo a la evidencia; del ruido a la paz; del “algún día” al hoy.


No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” — Gálatas 6:9

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