¿Miento o me reinvento?
Tarde o temprano, todo velo cae. La mentira promete refugio, pero es techo de papel mojado: gotea sobre la conciencia, deforma el espejo y nos deja atrapados en un bucle donde nada crece. Decimos “estoy bien” con la boca y la espalda lo desmiente; prometemos futuro con los labios y los pasos se quedan quietos. Mentir es hipotecar la paz a cambio de aprobación instantánea.
Reinventarse es otro verbo: cura las grietas sin negarlas. No borra el pasado; lo ordena. Escribir “aprendí” donde antes escribíamos “me excuso”. Cambiar de piel no es traicionarte: es volver a tu verdad más vieja y olvidada. Se nota en lo pequeño: devolver lo que no era nuestro, pedir perdón sin teatro, sostener un límite aunque duela, poner manos a la obra cuando el ánimo no alcanza. La vida favorece al que decide la claridad: no porque sea fácil, sino porque deja de pelear consigo mismo.
Las huellas “sucias” no solo manchan el camino: lo vuelven resbaloso. Progresar es caminar con suelas limpias: verdad en la agenda, orden en la casa, coherencia en la voz. Decir la verdad no siempre trae aplausos; trae descanso. Y con descanso viene el enfoque, y con enfoque, la constancia. Ese es el círculo virtuoso que rompe el bucle.
Pregúntate hoy, sin maquillaje:
—¿Qué mentira me está quitando aire?
—¿Qué verdad necesito decir para recuperar el paso?
—¿Qué acto mínimo probará que elegí un camino nuevo?
No necesitas un gesto épico; necesitas evidencia. Un mensaje que aclara, una disculpa que repara, una decisión postergada que por fin ejecutas. Reinventarte es convertir el “algún día” en “hoy”. Menos promesas; más pruebas.
Dios no humilla con la verdad; libera con ella. Presentarle lo que somos —sin filtros— no nos rompe, nos recompone. “Miento o me reinvento” no es dilema moral abstracto: es un rumbo. Uno te encierra en la máscara; el otro te devuelve el rostro. Elige el rostro.
Da el paso: limpia tus huellas, afina tu voz, endereza el rumbo. La verdad quizá duela un instante; la mentira duele siempre.
Versículo
“Tú amas la verdad en lo íntimo; y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” — Salmo 51:6









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