Amor propio: la base silenciosa de todo

Amor propio: la base silenciosa de todo

 

En un mundo que nos enseñó a rendir antes que a sentir, a producir antes que a pausar y a agradar antes que a escucharnos, hablar de amor propio puede sonar romántico… pero en realidad es profundamente revolucionario.

El amor propio no es ego.
No es narcisismo.
No es egoísmo.

El amor propio es la raíz invisible que sostiene cada decisión que tomamos.
Es la calidad de nuestras relaciones.
Es la manera en que habitamos nuestro cuerpo.
Es la voz interna que nos acompaña cuando nadie más está.

Y cuando esa base es frágil, todo lo demás se tambalea.

El amor propio no se declara, se practica

Muchas mujeres dicen: “Yo me quiero”, pero viven agotadas, postergadas, complaciendo, callando lo que sienten o dudando constantemente de su valor.

Amarse no es una frase bonita.
Es un acto diario.

Es elegir descansar sin culpa.
Es poner un límite sin necesidad de justificarse.
Es cuidar la alimentación no desde la exigencia, sino desde el respeto al cuerpo.
Es hablarse con compasión cuando algo no sale como se esperaba.

En terapia vemos algo muy claro: la mayoría de los conflictos externos tienen una raíz interna no atendida. Cuando una mujer fortalece su amor propio, cambia la forma en que ama, en que trabaja, en que se relaciona, en que se posiciona en el mundo.

Porque deja de mendigar lo que ya habita dentro de ella.

Amar tu personalidad también es sanación

Hay un punto delicado y hermoso en este proceso: reconciliarte con quién eres.

No con la versión que te dijeron que debías ser.
No con la que aprendió a sobrevivir.
Sino con la esencia.

El amor propio incluye aceptar tu sensibilidad, tu intensidad, tu ritmo, tus silencios, tu forma particular de ver el mundo.

Cuidar tu personalidad es permitirte brillar sin pedir permiso.
Es dejar de compararte.
Es reconocer que tu historia no es un defecto, es una fuente de sabiduría.

Cuando una mujer abraza su personalidad con conciencia, deja de luchar contra sí misma. Y esa paz interna transforma todo.

 

Los detalles que hacen vibrar el alma

El amor propio no siempre se manifiesta en grandes decisiones. Muchas veces vive en los pequeños rituales cotidianos:

• Prepararte un café con intención.
• Escuchar la música que te eleva.
• Escribir lo que sientes en lugar de guardarlo.
• Ordenar tu espacio para que refleje tu energía.
• Apagar el teléfono y conectar contigo.

Son detalles que parecen simples, pero envían un mensaje profundo al inconsciente: “Soy importante. Mi bienestar importa.”

Y cuando el alma se siente atendida, florece.

Amor propio como base de las relaciones

No podemos ofrecer lo que no tenemos.

Cuando el amor propio es débil, buscamos en el otro validación, seguridad o identidad. Pero cuando está sólido, las relaciones dejan de ser dependencia y se convierten en elección consciente.

Amarte no significa cerrarte al amor.
Significa abrirte desde la plenitud, no desde la carencia.

Significa acompañar sin perderte.
Amar sin dejar de respetarte.
Dar sin vaciarte.

Sanar es volver a casa

El proceso terapéutico nos recuerda algo esencial: el amor propio no se inventa, se recuerda.

Muchas veces quedó enterrado bajo heridas, exigencias, miedos o experiencias dolorosas. Pero sigue ahí.

Sanar es limpiar las capas que lo cubren.
Es volver a casa.
Es reconciliarte contigo.

Cuando una mujer se ama de verdad, su energía cambia. Su mirada cambia. Su forma de caminar cambia. Ya no vive para sobrevivir; vive para expandirse.

Y desde ahí, todo se ordena.

Porque el amor propio no es un complemento.
Es la base de todo.

 

Dra. Angela Alvarez

Médico genetista y terapeuta emocional

Creadora del Universo AMAR

Tel. +502 5516 5008

FB, IG, Tik tok: Angela Alvarez

 

 

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