Barreras que nos impiden expresar los afectos ¿Cómo transformarlas?

Barreras que nos impiden expresar los afectos ¿Cómo transformarlas?

En el mes de febrero tradicionalmente en muchos países se celebra el día de San Valentín, también conocido como el día del cariño y la amistad, o el día de los enamorados. Por mucho tiempo, consideré la fecha más comercial que con sentido profundo. Con el tiempo, he llegado a comprender que dedicar un día en especial a intercambiar mensajes de afecto y/o regalos, en reconocimiento al cariño con los seres a quienes amamos, puede trascender más allá de lo comercial. Este acto nos recuerda lo vital que es el amarnos unos a otros, y más importante aún…demostrarlo, no solamente un día sino siempre.

Gary Chapman en su libro “Los cinco lenguajes del amor”, define cinco diferentes lenguajes: palabras de afirmación, regalos, tiempo de calidad, servicio, contacto físico. Chapman aporta un valor significativo al tema, ya que nos permite comprender que, en el amor, no todas las personas hablamos el mismo idioma; por lo tanto, lo expresamos de diferente manera. El desconocimiento del tema podría ser una barrera de comunicación afectiva, ya que muchas veces nos hace creer que no “estamos siendo amados”, sencillamente porque no nos están expresando el afecto en nuestro lenguaje primario, sino desde el lenguaje de quien lo está expresando. Lo cierto es que, cada uno tenemos un lenguaje del amor primario, es a través de este lenguaje que normalmente demostrado el afecto. El problema radica en que no siempre estamos hablando el mismo idioma del otro; el punto vital de conocer el lenguaje propio y el de nuestros seres queridos, es que podemos tomarlo en cuenta al momento de intercambiar afectos y demostrar el cariño.

Otro tema que me parece esencial cuando hablamos de expresar afectos, es analizar qué tanto hemos superado las heridas del pasado. Y es que la mayoría de las veces no somos del todo conscientes de que la falta de perdón hacia nosotros y hacia los demás, el hecho de sentirnos rotos o sin valor por experiencias dolorosas que pudimos haber experimentado en el pasado que no nos permiten vernos con ojos de amor; así mismo amar a los demás, supone una enorme barrera para darnos el permiso de volver a expresar el afecto por miedo a sufrir. Elegir entonces el perdón, es una acción vital para salir de ese lugar en donde nos hemos mantenido tan alejados de la expresión de afectos por miedo a que vuelva a doler. Un primer paso que podríamos dar entonces es abrirnos a la posibilidad de perdonar, soltar y liberarnos de las corazas que nos hemos puesto para no sentir; puesto que en ese no sentir, no solo alejamos al dolor, sino que también alejamos al amor.

Jesús, nos recuerda: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda ley y los profetas. (Mt. 22:37-39). Me parece que de aquí parte todo, de esta gran enseñanza “amar a Dios sobre todas las cosas, y amar al prójimo como a ti mismo”. La pregunta esencial es ¿Qué tanto te amas a ti primero, como para amar a los demás?

El reto entonces para abrirnos a la posibilidad de expresar afecto a los demás, es: a) Liberar el corazón de la falta de perdón y hacerle espacio al amor, b) Aprender a vernos y tratarnos con amor, para de esta misma manera, seamos capaces de hacer lo mismo con el otro, b) Comprender que amar implica aceptación y respeto, y allí radica la incondicionalidad del amor, en aprender a amar al otro tal y como es, no como nos gustaría que fuera.

En este mes en que celebramos el cariño, la amistad, el amor, la invitación es a que nos replanteemos cómo nos estamos amando, y cuán dispuestos estamos realmente a amar a los demás, con sus luces y sus sombras. Y, sobre todo, qué lugar ocupa en nuestra vida el amor más grande el cual somos parte …. El amor de Dios del cual podemos aprender mucho y transformar desde ese lugar la calidad de nuestras relaciones.

Finalmente, si vivimos más desde la incondicionalidad del amor, en aceptación, valorando y respetando al otro tal y como es, los frutos del amor – bondad, misericordia, empatía, afecto - se empezarán a percibir cada vez más en nuestras relaciones, en nuestras familias, comunidades y sociedades.

Que este año 2026 nos permitamos abrazar el amor, lo vivamos y lo compartamos a donde quiera que vayamos, juntos podemos hacer de este mundo uno mejor.

Por: Erika Barrientos / Máster Coach / Speaker

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