La piel que habitas…
Por: Mgtr. Karin García
A veces me pregunto si conocemos mejor las calles de nuestra ciudad que los rincones de nuestro propio cuerpo. Este mes, antes de buscar a la "persona ideal", búscate a ti bajo de esa piel que habitas. Porque seamos sinceras antes de ser la compañía de alguien, eres la dueña de tu propia piel.
Hablemos de la ducha, olvida el estrés y busca esa pequeña "joya" que corona tu vulva. Al rozar tu clítoris, enciendes 10,000 terminaciones nerviosas. No es solo piel, es una red eléctrica enviando señales de deseo directo a tu cerebro. Es tu derecho de nacimiento; un chispazo que dice: "Esto es solo mío".
Si decides entrar, descubrirás que no eres un túnel vacío. Sentirás pliegues, como un acordeón de la seda más fina. Son tus rugae. Imagina que son un vestido de alta costura que se estira y siempre recupera su forma perfecta. El placer no es una cuestión de profundidad, es una cuestión de roce en el umbral de terciopelo.
Y ni hablar de esos días en que te sientes imparable, tus pechos se ensanchan y tu piel pide acción. Es tu ovulación recordándote que eres una criatura deseante. Si sientes ese fuego insaciable, no esperes a que nadie lo apague. ¡Hazlo tú!
El truco es: imagina que tienes una pajilla ahí abajo y succiona con elegancia, elevando una perla imaginaria hacia tu ombligo. Siente cómo tu centro se levanta. Ese es un poder, tu poder hipopresivo; lo que te mantiene firme, magnética y dueña de tu imperio.
Y si al terminar lloras, no te sientas loca. Es solo tu cerebro dándose un festín de dopamina. Es una cascada que limpia el alma y te deja como nueva luz, sales a la calle a recibir miradas, halagos, amor.
Cariño, no eres comida rápida, eres el menú de cinco tiempos. Descúbrete a diario. Porque en un mundo de tendencias, conocerte a ti misma es lo único que nunca pasa de moda. ¡Eres soberana!
Karin Garcia psicóloga
3146-2145









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