Para ti, que has elegido construir y no destruir..

Para ti, que has elegido construir y no destruir..

A lo largo de la vida, descubrimos que la fortaleza femenina no nace únicamente en la batalla personal, sino también en el eco de otras voces que nos acompañan. Cuando nos acompañamos, el crecimiento se vuelve más suave, más profundo y más luminoso ya que sabemos que no caminamos solas. 

 Sin embargo también es verdad que el acompañamiento genuino es un tesoro difícil de encontrar ya que muchas veces quienes más destruyen los sueños y la confianza femenina a menudo tristemente son…. otras mujeres

Por esto es importante resaltar que debemos ser luz, ya que cuando encontramos a esas mujeres que no compiten, no hieren y no apagan sino que acompañan, sostienen y celebran, encontramos un regalo invaluable.

El vínculo femenino auténtico es más que una amistad: Es presencia, es comprensión sin máscaras, es tener un lugar seguro donde soltar el alma sin miedo al juicio, sentir la mano que impulsa, no la que empuja hacia abajo, es descubrir que la vulnerabilidad puede ser compartida y transformada en fuerza.

En una sociedad que nos presiona a brillar sin mostrar la sombra, los “nosotras” se convierte en un refugio que nos recuerda que no tenemos que poder con todo y que pedir ayuda no nos hace menos fuertes, sino más humanos. 

Estar juntas tampoco significa creernos superiores a los hombres o más poderosas si manchamos las paredes plasmando frases con el poder femenino, sino es saber que si nos apoyamos unas con otros seremos mejores seres humanos capaces de distinguir banderas rojas en una pareja y mejorar nuestros criterios de selección para elegir a quien será el compañero de toda la vida y respetarlo así como él lo hará con nosotras.

Necesitamos una colega que recomiende nuestro trabajo, una amiga que nos dice la verdad que necesitamos, una hermana que nos anima a no renunciar, o una mujer que aún desde lejos ilumina nuestro camino con su ejemplo. Esto nos ayudará a saber que aunque haya competencia, crítica o envidia en el mundo, también existen mujeres que edifican, suman y que creen en la fuerza del crecimiento compartido.

Este artículo es un tributo a las mujeres que, aunque sean pocas, han elegido construir en lugar de destruir, a las que celebran logros tanto ajenos como propios, a las que escuchan con el corazón abierto, a las que sostienen sin esperar nada a cambio, a las que llegan como luz a las temporadas oscuras, a las que se aman de verdad y esto se refleja en el amor y respeto que dan a los demás.

La gratitud hacia ellas es profunda y necesaria, ya que son contadas, agradezco su presencia, su ternura y su valentía.

Que estas líneas recuerden a cada lectora que no estamos solas en este viaje, aún cuando el mundo parece dividido o cuando la crítica duela más que el silencio, siempre habrá mujeres dispuestas a caminar con nosotras. 

Sigamos construyendo puentes y no muros, sigamos promoviendo admiración en vez de competencia, sigamos siendo mujeres que levantan y no que hieren.

Que nunca nos falte una mujer que nos tome de la mano, que nunca dejemos de ser esa mujer amiga de verdad para alguien más, porque cuando una mujer ilumina a otra, no pierde su brillo sino que ambas brillan más fuerte.

A nivel personal, también les doy las gracias a cada crítica, porque sin saberlo, sus palabras se convirtieron en impulso, sus dudas despertaron mi fuerza, sus críticos afilaron mis sueños y me empujaron a lograrlos con más determinación que nunca. Sin embargo se puede construir más cuando se es leal.

Que este año se marche llevándose lo que dolió y que el que viene nos encuentre más fuertes, más libres y unidas que nunca. Elige siempre construir.


Por:

Dra. Maribel Cortez

Mamá y Pediatra Prolactancia

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