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""Sé la mujer que rompe moldes y crea su propio camino.""

El arte de ser una mamá feliz e imperfecta

¿Alguna vez te has sentido una mala madre? Creo que más de alguna vez en la vida, nos ha pasado a todas. Los hijos son el regalo más grande que Dios nos pudo dar. Ese amor, ese sentido de que tienes a tu cargo una personita tan frágil, que depende de ti totalmente en sus primeros años, a quien además, debes educar para ser un ciudadano de bien y brindarle todo lo que puedes o necesita, es abrumador. Y lo es porque somo seres imperfectos, somos falibles. Los niños no vienen con un manual cuando nacen. Pero sí tenemos a nuestra disposición muchas herramientas para educarlos conforme a estándares de bien, que son los “valores” que inician en casa y luego rigen una sociedad.

Soy una mamá feliz e imperfecta. Sé que todo lo que hago lo he hecho con el mayor amor por mis hijos, poniéndolos como una prioridad, consciente de que mi trabajo primordial en esta vida es guiarlos, para dejar ciudadanos correctos e independientes. Pero ese trabajo que todas tenemos, es un trabajo diario, que requiere sabiduría y que no siempre es una línea recta sin tropiezos. Las mamás trabajadoras además, manejamos muchas culpas. Esas culpas a veces nos refrenan, nos hacen ser un poco más permisivas, para “compensar” que algunas veces no podemos estar en alguna actividad. Pero sea cual sea tu caso, quiero invitarte a ser feliz en tu maternidad, dejando a un lado las culpas.

La maternidad no tiene solo un estilo. Ahora bien, los valores sí van en una sola dirección. Por lo que si tu maternidad viene fundada en esos valores, a pesar de nuestras fallas como personas, te irá bien. Los valores son los que rigen el capital social de un país. ¿Qué dicen de los guatemaltecos en el extranjero? Bueno, dicen que somos muy trabajadores. Eso es porque la “mayoría” hemos demostrado que somos muy trabajadores, que no somos perezosos, que somos responsables. Pero también dicen que somos impuntuales. La famosa media hora chapina. Eso es algo que la “mayoría” ha aceptado como normal y se ha convertido en parte del capital social, pero no quiere decir que sea correcto. Lo que aceptamos “la mayoría” como algo normal, se convierte en el capital social. Por eso, es importante que la maternidad, sea cual sea tu estilo, esté basada en inculcar valores a los hijos. El respeto, la responsabilidad, la transparencia, el trabajo duro, no tienen medias tintas. No puedes ser responsable en casa pero en el trabajo no. Así como el niño no puede ser responsable en casa, pero en sus estudios no.

No puedes ser “transparente” con tus padres pero mentiroso con tus maestros. No se trata de perfección, sino de coherencia, en la que tus acciones corroboren lo que dicen tus palabras. Y eso, se enseña en casa, con el ejemplo. Dice un refrán “no hables tan alto que tus acciones no me dejan escucharte” y eso lo vemos cuando los hijos nos dicen “pero mamá, tú misma me dijiste que dijera que el tío estaba enfermo”. Es decir, nuestros hijos son esponjas y captan las intenciones en el instante. Quiero brindarte unas herramientas para que seas una mamá feliz, aunque como todas, imperfecta:

  • Sé coherente: que tus acciones y tus palabras estén alineadas.
  • Respira profundo antes de poner una consecuencia que sabes que no vas a cumplir o que vas a quitar antes de tiempo. Es mejor darte un momento para pensar que disparar al aire una reprimenda que luego se quede en acciones no cumplidas.
  • Toma tiempo para estar con tus hijos, en los que les pongas toda la atención. Practiquen actividades juntos, que disfruten y que generen recuerdos para toda la vida.
  • Generen recuerdos por medio de rutinas que sean fáciles de cumplir: por ejemplo: los jueves en la tarde de juegos de mesa, los sábados de wafles de desayuno, etc.
  • Procura que tus hijos te tengan confianza: escúchalos, antes de dar un consejo o juzgar. Permíteles convertirte en su puerto seguro y saber que mamá siempre estará ahí para ellos, sin pasarte de mamá a amiga. Claro que puedes ser amiga de tus hijos, pero tu papel principal es ser su madre, quien guía, quien aconseja y dirija. Pero hazlo en amor, para que la confianza no merme.
  • Aléjate de las culpas: ¿qué harían tus hijos si no trabajaras? Recuerda el ejemplo que les estás dando.

Te invito a que DESDE ADENTRO, te felicites por el esfuerzo diario que realizas por ser la mejor madre que puedes llegar a ser, por ser un ejemplo para tu familia, por darles lo mejor que puedes, por hacer por ellos todo lo que haces por amor. Y recuerda: no hay ninguna mamá perfecta, solo mamás felizmente imperfectas.

Por:

Yazmín Di Maio

Certified Coach Speaker and Trainer The John Maxwell Team

Correo: ydrelacionespublicas@gmail.com

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