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La herida madre

“Sana antes de tener hijos, para que tus hijos no tengan que sanar por tenerte como madre”.

Aprovechando el mes de la madre, quiero hablar de este tema. En algún lugar, no recuerdo en dónde, leí que la “Herida Madre”, es la Madre de todas las heridas. Me impactó esa afirmación así que decidí investigar un poco, pues la historia con mi mamá me empujaba a conocer más de este tema. Curiosa, y con la necesidad más que aceptada de sanar, empecé la búsqueda. Llegué a preparar talleres, que hasta el día de hoy, no he dado y un posible libro que tampoco me animo a escribir.

Empeñada en resolver este tema y casi desesperada inicié mi proceso terapéutico. Mi deseo era saber cómo ayudar a mi mamá, pero me topé que a quien tenía que ayudar era a mí misma, ayudarme a entender y ayudar a aceptarme. Mi carácter parecido al de ella me frustraba día y noche, y comprendí que mientras más la rechazaba o negaba esa parte de mí, más me parecía, y lo único que Doris (mi psicóloga) me recalcaba era: “acéptala”.

Molesta y casi decepcionada me iba a casa cada semana, porque no era lo que esperaba y tampoco lo que quería. Recuerdo reclamarle un día: “¿cómo voy a aceptar que una mamá sea así con sus hijos?, me niego rotundamente a aceptar ese trato”, y ella me contestó: “pues entonces ándate de tu casa, pero a donde vayas llevarás contigo este rechazo; no es aceptar su trato, es aceptar que ella así es”.

En fin, después de largas horas y lágrimas, libros, oraciones y terapia… La acepté. Pensé que mágicamente eso quitaría la herida y malestar, pero no. Lo único y maravilloso que hizo esa aceptación fue motivarme a cambiar y ser mejor, cada día. Me aplaudo y estoy orgullosa de mí por la paciencia que me he tenido en este proceso. Aceptarla fue aceptarme en un espejo y saber que la persona que era en ese momento no era lo que yo quería, y que podía modificarla siendo compasiva y generosa conmigo cada día. Además aprendí a pedir perdón a las personas que dañé durante este proceso.

Después de esa aceptación finalmente me fui de casa y pude despedirme de esa carga. Sin embargo, el mundo sigue dando vueltas y afuera todo sigue igual. Quien cambió fui yo. Pero pasé noches lluviosas, días nublados y excusas por montón. Busqué por todos lados una mamá, conocí amigas que me cuidaron con tanto amor (entre ellas Ligia) a quienes agradezco infinitamente. Encontré otras muy parecidas a mi mamá, de quienes decidí alejarme y así caminé hasta entender: ¡Tengo la mía, es como es y no puedo hacer más! No puedo darle este papel a alguien que no le corresponde, el papel de víctima no es bonito y nada recomendable así que lo entregué también.

No puedo dejar de agradecerle a mi hermana mayor, por haber tomado un papel que no le correspondía y aun así lo hizo con tanto amor.

Sigo con el deseo de nunca dejar de aprender del tema porque aún no ha sanado por completo, va en pasos lentos y pesados, pero yo sigo avanzando. No tengo una mamá perfecta pero la amo y honro desde donde estoy, la admiro porque ha vivido tanto y sigue de pie. Vivo en un ambiente de paz, siendo todo aquello que no me enseñaron y aunque la intensidad a veces me visita ya no la veo tan mal, aprendí que es parte de mí, pero es alguien con quien podemos dialogar. Sin embargo, le herida sigue y todos los días al verme al espejo hago algo significativo para sanarla.

He entendido también que constantemente estamos buscando culpables de nuestra “infelicidad”, viviendo en el pasado, juzgando y reclamando de distintas formas lo que consideramos que nos faltó en la niñez. Por ello, trabajar la herida principal con la madre y vivenciando una actitud reconciliadora, nos permite abrir el corazón al amor, nos fortalece y empodera. Resolver ese dolor nos ayudará a superarnos y facilitará nuestra sanación personal y familiar, entregándonos una fuerza creativa necesaria para moldear nuestro presente.

Nuria Remus, terapeuta en crecimiento transpersonal escribió un artículo recalcando lo siguiente: “Sanar a la Madre interna es muy importante, ya que es nuestra puerta de entrada a la existencia. El vínculo que creamos con ella (iniciado desde el mismo útero, ya que durante la gestación estamos dentro de su campo energético) nos da la confianza en la vida. Si hemos sido cuidados, protegidos, amados de forma incondicional, es posible que sintamos que tenemos derecho al amor, y transitemos con seguridad y esperanza por los caminos que nos trae la existencia. Además, de la relación que tenemos con ella (y, por extensión, con nuestro linaje femenino) también aprendemos el patrón de la relación que mantenemos con nosotras mismas, ya que es nuestro principal referente de feminidad, tanto a nivel consciente como inconsciente” (Barcelona, 2020). 

Es importante saber y comprender que nuestra madre viene de otra madre, una mujer igual o doblemente herida, quien también tuvo carencias de amor. De esta manera, la fuerza de la mujer y de la feminidad no nos llega como debería, quedando el patrón cortado en generaciones. Nuestra madre no puede ni pudo satisfacer todas nuestras necesidades, ni ser como a nosotras nos gustaría que fuera. Sólo podía amarnos de la manera que podía amarse a ella misma.

Como psicóloga debo confesar que al principio sentía miedo de atender personas con el mismo “problema”, pero entendí que sólo era un mecanismo de defensa el cual me paralizaba. Trabajar la herida con la Madre es una gran oportunidad para aprender a responsabilizarnos de nosotras mismas, aprender del perdón y autoaceptación. Quizá tú también tienes esa herida con tu madre, en otros casos es con el padre, ambos son importantes en el camino, uno no suple al otro y cada uno tiene sus heridas específicas. En mi proceso descubrí algunos puntos que menciona Nuria, pueden ayudarte: 

  • Reconocer las emociones: El primer paso para empezar a sanar. Acepta lo que está dentro de ti. Cuando te hayas cansado de negar la frustración y el dolor que anidan en ti y no te has permitido admitir, mira hacia tu interior, tu niña te está esperando.
  • Tu niña interior: Poner especial atención, y hacer un trabajo de acompañamiento a nuestra parte interna que quedó anclada en la necesidad infantil, es un buen paso para la sanación de la herida materna. Busca fotografías de cuando eras pequeña.  Obsérvate con cariño y trata de conectar con ese Alma pura. Escribe todo lo que necesites decirle a tu niña, dejando fluir todo aquello que quedó reprimido en su momento, cuida las fotos y ponlas en un buen lugar en tu casa.
  • Aceptar lo que fue: Regálate eso, suelta lo que fue, perdónate y regálale a tu mamá el perdón, por tu paz. Ella ya de por sí lleva mucho peso en su mochila, tú estás aprendiendo a caminar ligero, ella quizá aún no, y tal vez el trazo de tu camino le ayude a avanzar.
  • Reparar la relación: Quizá hoy, con el proceso terapéutico adecuado, puedas ir dándote cuenta que dispones de las herramientas necesarias para construir una vida feliz. Tu infancia, por difícil que haya sido, a la larga puede devolverte un gran regalo si tu trabajo sobre ti misma te hace ir hacia el perdón. Esto no quiere decir que tengas que seguir aguantando malos tratos si ella no desea cambiar, toma tu distancia y hónrala desde donde estás. 
  • Dar las gracias: Agradecer lo que nos ha dado la vida es la forma más cálida y hermosa de juntar nuestros corazones. La gratitud genera una profunda calma interna. 
  • Mi responsabilidad individual: Ámate. Cuídate. Ama tu cuerpo. Acepta tus luces y tus sombras. Perdónate y perdona también a tu madre. Agradece el regalo de la vida y el aprendizaje que has venido a vivir en este mundo. Acepta el dolor, pues es un gran maestro que nos enseña quiénes somos y de qué somos capaces, y una vez aceptado, trabájalo, para poder sanarlo.

Hoy le escribo a mi niña interior, y si de algo sirve a la tuya, también pueda leerme. Haz todo lo que tengas que hacer para sanar, sabiendo que eso no quiere decir que afuera todos van a cambiar. Hay cosas que simplemente no tienen respuesta o no es el momento. Pero comprende que la compasión es: “todos tenemos tiempos diferentes en nuestros procesos, el mío es mi responsabilidad y el tuyo es tu responsabilidad”.

Hoy honro también la vida de mi hermana, por abrigarme el alma con su amor y ser la mamá tan maravillosa que es.

“Gracias por seguir encendiendo la luz para que no tenga miedo”.

Licenciada: Catherine Campos

Correo: camposkathi04@gmail.com

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