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La peor enemiga

En mi adolescencia dudaba mucho celebrar el día de la mujer por todo lo que leía o decían los demás. No sabía si era una celebración o un día doloroso por recordar. Hoy, a mis 29 años, puedo decir que, aunque a veces pareciera difícil ser mujer, lo único que queda es amar serlo y celebrarlo todos los días.

A lo largo de mi vida me he topado con tantas mujeres que han sido ejemplo y otras que han sido advertencia, pero de todas he aprendido. Por muchos años me afané con el famoso Versículo de “La mujer virtuosa”. El ejemplo de mi hermana y mi mamá, de mujeres abnegadas me marcó.

Luego hicieron una revolución en su vida marcado su libertad y levantando su amor propio que trastornó aquello que yo consideraba “la mujer ideal”, dejaron a quienes las lastimaban y volaron muy alto. Tomando su ejemplo hice lo mismo. Sin embargo, en el intento me tropecé y a mis 22 años me topé con un hombre manipulador y violento, con dosis de amor y ternura para enmendar aquellos insultos y malos tratos.

Viví casi 5 años envuelta en esa relación de alcohol, depresión, tristeza, falta de amor propio y sola, con una familia disfuncional, empezando a vivir sola y necesitada de amor. Parecía el blanco perfecto.

Algo no me cuadraba en la vida, pero cómo saberlo si estaba en una burbuja de tristeza en la cual realmente pensaba que esa relación era lo mejor que podía tener. Si has pasado por esto, seguro me entiendes.

En ese tiempo era momento de iniciar mis prácticas de psicología y me pedían horas de terapia recibida como requisito, las cuales no quise tomar pues sabía que, al estar en terapia lo dejaría, y la famosa codependencia era mi compañía.

Esta es la historia resumida y breve pero ya se imaginarán los golpes, los gritos y demás que pasé en ese vínculo desgastante en todos los sentidos. Pero él “me amaba con todo su corazón”.

Siempre fui positiva, mi sonrisa me caracterizaba y mi forma de pensar y servir en la Iglesia era la que me identificaba con mi círculo; cosa que terminó cuando me vi envuelta en esa situación, alejada de todo y todos, excepto mi papá que me llamaba constantemente, pero a miles de kilómetros (no podía hacer mucho) así que también se lo oculté.

Nadie sabía nada y estaba segura que si mis hermanos y mis amigos lo sabían, ellos me defenderían pero mi “amor” por él crecía cuando al día siguiente de los gritos me llevaba flores.

¿Por qué te cuento todo esto? Pues verás, yo fui mi peor enemiga viéndome al espejo. No soportaba a la mujer en el reflejo, llegué incluso a quitar todos los espejos en todos los rincones de mi casa; desvaloré mi vida, apagué mi luz y, sobre todo, me falté el respeto permitiendo que alguien más pasara encima de mí.

Sé muy bien de la codependencia, ansiedad y depresión pero lo negué tantas veces cuando mientras estudiaba leía “cosas” que me pasaban, eso también es falta de amor. En su libro “Yo soy Mía” mi amiga querida Erika Parada dice: “¿Cómo tratas al amor de tu vida? Lo tratas con amor, con bienestar y cuidados. Y si tú eres el amor de tu vida, ¿cómo te estas tratando?”.

Lo dejé, un día antes de mi cumpleaños, lo saqué de mi casa, revolucioné mi vida y me recordé de las palabras de mi papá y de mis amigos maravillosos que me rodean, porque sí existen los buenos hombres, yo los conozco.

Inicié a dar consulta y me dediqué a ser terapeuta de amor propio y cirujana del alma con las manos de Dios, entendiendo que sólo soy un instrumento, ayudando a encontrar el sentido de la vida a mis pacientes.

Casi no contaba esta parte de la vida por la bendita pena, pero una vez que sanas tu pasado, y te perdonas y perdonas a los demás, tu historia de vida se vuelve testimonio. Aprendí a amarme tanto que reparé, parte por parte, a mis 25 años y sé que aún me falta, pero hoy defiendo mi territorio, donde estoy parada, mi casa. Me respeto. ¡Y ya hay espejos en mi casa!

“Engañoso es el encanto y fugaz la belleza; la mujer que respeta al Señor es digna de alabanza.” Proverbios 31:30. Me guardé ese versículo porque en todo tiempo soñé que me tomaban de la mano, sabía que era Dios y gracias a él aquí estoy y por ello fundé un grupo para mujeres llamado “Mujeres 31:30”.

Formo parte de la ONG para mujeres llamada “Únicas” en donde he logrado trasladar mi mensaje y sé que ha llegado a los corazones que lo han necesitado, confiando que pueden sanar, puedo ayudarlas a restaurar su relación más importante, la relación con ellas mismas.

He patentado mi amor propio y defendido mis creencias sabiendo que no son absolutas. He comprendido que el feminismo no es lastimar ni denigrar a los demás, he aprendido a disfrutar ser mujer, mirar a los ojos y hablar con la verdad, he aprendido a no callar y a saber cuando guardar silencio y que el amor bonito, sano, mutuo y verdadero sí existe. El amor soy yo y también tiene forma de una pareja que me acaricia y me ama hasta con su mirada.

He leído tantas noticias de mujeres golpeadas y asesinadas y pienso que pude haber sido yo. Todas estamos expuestas y por esto te escribo esto a ti. Si conoces a alguien, si lo estás pasando o si ya lo pasaste, traslada el mensaje, acude a terapia, convérsalo con una amiga.

Pero por favor, no te apartes, no te escondas y no te dejes. Entiendo que es difícil, doloroso y que parece imposible aceptar que puedes salir de eso, pero comprende que nunca puede ser mayor el amor a otra persona que por ti misma. Por eso es importante que aprendas a amarte tanto porque sino hasta el amor de Dios te va a parecer lejano.

Así que, hoy honro la vida de esas mujeres que han sido ejemplo de amor propio y me han enseñado a ser mi mejor amiga, teniéndolas de aliadas. Gracias Doris, Raquel, Evelyn, Ligia, Doménica y mi hermana por acompañarme. Las admiro, amo y bendigo.

Me salvaron la vida.


Revista Femenina

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