A flor de pielCharlas de Salón

¡No voy a abortar!, ¡seré madre!

Sophía, era una chica con cabello muy largo, teñido con mechas rubias, que jugaba muy bien con su piel bronceada. Siempre que la veía estaba tan contenta a pesar de que, por su trabajo y su maestría, la atendía siempre por la noche.

En nuestras charlas de salón me cuenta que su madre se dedicaba a ser ama de casa, era una mujer de iglesia, perteneciente a una alta jerarquía del lugar dónde se congregaba; en resumen, lo que llamaban una mujer con altos valores religiosos. El padre, un hombre sumamente recto, igual de iglesia, que trabajaba como contador, estricto y de ideas cerradas en todos los aspectos.

Sus hermanos, 2 varones, ya estaban casados y a pesar del apoyo del padre, no terminaron su carrera universitaria.

A los 17 años, Sophía, se enamora perdidamente del compañero de trabajo de uno de sus hermanos, con quien tenían una relación secreta de 2 años.  Apenas estaba terminando el segundo año de perito contador, cuando empieza a sospechar un embarazo. Me confesó: “Lo platico con Henry, quien sabiendo que yo era virgen, explotó diciéndome que por qué no me había cuidado y confesándome que su novia de toda la vida también estaba embarazada”.

Sophía siguió contando: “Me realicé la prueba y obviamente salió positiva, de inmediato me dice que lo mejor es abortar, porque él no podía hacerse cargo. Le recibo dinero para que me realice el procedimiento y a los pocos días me entero de su alegre boda, pero decido que ¡NO QUIERO ABORTAR! ¡SERÉ MADRE!”

No recibe llamada alguna, ni la buscó más. Empezaron a pasar los meses y toca empezar los estudios de último año del colegio. Me cuenta que la directora la manda a llamar, que le harán un examen de rutina, que le ven demacrada.  “A pesar de mis súplicas, manda a llamar a mis padres para darles la feliz noticia y mi carta de expulsión”.

Llegan ambos, la madre hasta se desmayó y le dio un colapso nervioso, el padre solamente la vio con ojos de odio. Pidiendo a la directora discreción absoluta. “Cuando íbamos en el carro, me dijeron que era la vergüenza más grande del mundo, a pesar de sus preguntas, no revelé quien era el padre. Me llevan con una ginecóloga que estaba en otro departamento, para que nadie los reconociera y ella les informa por las semanas de embarazo, que no puedo abortar”.

La envían con una media hermana de la mamá, una mujer muy humilde con la cual no había mucha diferencia de años, era empleada doméstica. Las llevan a un pequeño pueblo, en el interior de la república. Le pagan a Nancy para que la cuide, mientras “pasa la vergüenza”.

“Cada vez que me hablaban por teléfono, me decían que al niño le tenían un buen hogar, de una familia con muchos valores que no tenía hijos. Siempre las mismas preguntas, quién es el padre y porqué les había fallado. Simplemente no hacía comentarios. A la familia y amistades le decían que había ganado una beca en el extranjero y por eso no estaba con ellos”.

“Un par de días después de mis 18 años, tenía 36 semanas de gestación y nace Ericka Alejandra en un hospital público, pero todo normal.  Le ruego a tía Nancy que por favor no les avise a mis padres y ella accede, mientras llegaba la semana 40, pensábamos que sería lo mejor.  Me propone regresar a la capital, donde su antigua patrona nos acepta con la condición que yo siga estudiando, ya que con suerte, la directora que me expulsó  me entregó los papeles y decidí guardarlos”, Confiesa, recordando su pasado.

“Me gradué con honores de una escuela pública. Me dan trabajo donde realizo mis prácticas y empiezo a trabajar, Mi tía Nancy me apoyó con cuidar a Ericka mientras trabajaba en el día y la universidad por la noche. Vivíamos en un mini apartamentito, donde apenas cabíamos, pero era lo que yo podía pagar”.

Cada día de la madre, Sophía, agradecía a Dios por tomar la mejor decisión de su vida, el valor que tuvo al tener a su niña y revelarse a la decisión equívoca de los padres.

“Logré terminar la carrera de auditoría con mucho esfuerzo, con la motivación que tenía de ver a mi hija aunque sea con sus ojitos cerrados todas las noches. Para entonces, ya Ericka estaba en segundo primaria y me sentía orgullosa de la madre que me había convertido, mientras también mi tía hizo su bachillerato por madurez, los fines de semana”.

“Un sábado entro a un comercial nuevo, se me acerca una mujer mayor, me jala del brazo y me abrazó, diciendo que la perdonara, que admiraba mi decisión y deseaba conocer a su nieta. Algo de vergüenza que la gente hizo una rueda y aplaudieron, porque mi mamá habla muy fuerte ¡bueno, yo también! Pero entre risas y llantos y un gran escándalo, hicimos las paces”.

La tía Nancy decidió seguir estudiando, hace un par de años terminó su técnico universitario. Aún viven juntas, ya que Ericka la ve como su abuela y también ama a su verdadera abuela con el más grande de los amores y el abuelo son sus dos ojos, ahora sus abuelos “la consienten y la malcrían demasiado”.

“Mis padres admiran mi decisión y aunque me desagrada hablar del pasado, ellos constantemente me piden perdón y alaban que a pesar de no tener su apoyo, terminé mis estudios universitarios  y tengo una hija de casi 13 años que este año termina su primaria”.

Con la hermosa historia de Sophie, nos demuestra que si nos proponemos algo, podemos lograrlo, aún si esta sociedad, con aparentes valores, nos dirige a un lugar equivocado.

Gracias Sophie por compartir con nosotras esta parte de tu vida, donde se ve que una madre hace todo lo posible por tener a su hija, a pesar de que todo pintaba distinto; pero sobre todo sacarla adelante y tener el valor de enfrentar inclusive a sus padres.

Las madres traemos hijos al mundo, nos equivocamos tantas veces en la vida, no hay un manual con la forma correcta de ser madre, pero debemos recordar que si decidimos tener un hijo, es para formar hijos felices y realizados, no importando lo que ellos decidan hacer.

Agradezco como madre la bendición de tener tres hijos maravillosos de los que me siento sumamente orgullosa.

Alejandra Arriaga
Estilista y maquillista profesional
MÍSTICA Salón & Spa
Celular: 55940434
Fb: @mistica.salonspa2000  

Alejandra Arriaga

Estilista y Maquillista Profesional (Mística Salón & Spa)

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