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SER LA NIETA DE LA ABUELA

Por: Leo L. Torón

Soy parte de una generación a la que las abuelitas nos cuidaron, con la cercanía del aniversario de su nacimiento es inevitable pensar en ella, nacida en los años 20, cuarto primaria fue el último grado que cursó y se arrepintió toda su vida de no haber llegado al menos a sexto primaria, ella contaba que le dijo a su mamá que ya no quería estudiar, y que la madre le respondió: “suerte te dé Dios hija que el saber nada te importe”, así dejo de estudiar unos años después su madre muere y ella queda huérfana se cría con su abuela paterna como “hija de crianza” básicamente ella se encargaba de hacer limpieza a cambio de un techo y comida.

No llegar a sexto primaria implico que ella (al surgir la oportunidad al tener 18 años) no puedo estudiar para ser enfermera, gracias eso no se cansaba de repetirnos que estudiáramos.

No puedo hablar de ella como madre, no era mi madre, puedo hablar de ella como el maravilloso ser que era mi abuela. Acompáñenme en este viaje de añoranza.

La abuela disfrutaba los amaneceres, de ella aprendí a disfrutar del amanecer y atardecer dando gracias Dios por las cosas que nos da y dejando en sus manos nuestros más grandes anhelos del corazón. “Levante la cara mija, no camine viendo al suelo como coche, levante su cara vea lo que nos rodea…”

La abuela era entusiasta, teníamos ciertas limitaciones económicas pero eso no la detenía ella podía hacer de un picnic en el barranco de las Guacamayas el mejor banquete de la historia, comíamos hamburguesas de tortas de pura carne “no esas cosas que parecen cartón mija” en pan francés, ¡las mejores hamburguesas!

La abuela era la mejor oyente, podía parlotear por horas y ella escuchaba y llevaba el hilo de todo el parloteo, a veces hasta pedía seguimiento, ella veía mis obras de teatro (Era directora, escritora, actriz y obligaba a mi primo y a mi hermano a participar de ellas), sentada en una silla en el patio a disfrutar de las obras de teatro y distintas actuaciones..

La abuela era muy espiritual, ella tenía una relación muy cercana con Dios, una relación en la que no tenía camiseta de ninguna religión puesta, disfrutaba hablar de Dios con todo el mundo, ella leyó la biblia, el Bhagavad Gita, el Talmud,  el Tehilim y desconozco que más. Disfrutaba hablar de Dios con quien quisiera hacerlo, algo si quedó muy claro, era cristiana, ella no se casó por la iglesia, mi abuelo quería casarse por la iglesia judía y recibió las clases para convertirse, el problema llegó cuando le pidieron que negara a Jesucristo… No lo hizo, ¡no lo podía hacer!

El leguaje de amor de la abuela era el servicio, y amaba por el estómago, ella no me dejaba salir de la casa con el estómago vacío, no importaba que tan tarde fuera, tenía que tomar al menos una taza de mosh, pero no solo eso… ella podía haberme regañado bien feo, pero a la hora de la comida me llamaba para comer, no importaba si no tuviera hambre porque mi corazón estaba triste por el regaño, de ella o de alguien más, siempre decía: “Pelee con todos menos con su estómago”. Lo abrazos llegaron después de ellos le doy crédito a mi hermana, ella no siempre se sentía cómoda con demostraciones de afecto físico, pero mi hermana era pequeña, abrazadora, así que los acostumbro a ambos a dar y recibir abrazos

En el corazón de la abuela cabían TODOS sus hijos, el bueno y el malo, el ausente y el presente, yo la vi derramar lágrimas y pedir a Dios por ellos, creo que para sus hijos esto no era tan claro, ellos no entendían como podía amar al mal portado… pero lo hacía y se preocupaba por todos, su corazón era tan grande que también cabíamos sus nietos, también pedía por nosotros, lloró por la que se fue a México y pedía a Dios por ella, pedía a Dios por todos… hasta por la que no conoció, esperaba con ansias la visita de los primos Mexicanos, se alegraba su corazón saber noticias de alguno. (Nota para primos, si no los menciono, no significa que ella no orara por ustedes)

Mi abuela era también una viejita rascada, regañaba a sus hijos, a sus nietos, a su esposo y a sus vecinos, (en su defensa regañaba a vecinas porque no barrían su banqueta, lo que implicaba que ella tenía que barrer las de ellas,  para que la basura de esas banquetas no llegara a la suya).

Tenía consejos para todos, se de varias personas que le consultaban antes de tomar decisiones, tampoco tenía pena de compartir su opinión sobre alguna situación, aunque a veces fuera interpretada como cantaleta ahora puedo decir: ¡Que razón tenía la abuela¡ y como extraño sus consejos.

La abuela nos alentó a tener una voz, a tomar decisiones… diga, vaya, haga, pruebe… muchos de sus consejos iniciaban así, de la abuela aprendí también a no tener miedo al qué dirán… ¡No importa que diga la gente, mija!

Ahora que lo pienso, me encantan los atardeceres, también quiero a la gente por el estómago, ¡siempre tengo opinión y consejo en la punta de la lengua! Y en más de una ocasión me he encontrado a mí misma repitiendo frases de la abuela.   Que esperaban…  Yo soy la Nieta de mi abuela y una parte ella vivirá siempre dentro de mí.

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