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¡Tengo C0VID!, y ¿ahora qué?

Por Erivan Campos Conde

Días atrás recibí la noticia. La doctora se acercó a mí y me dijo, en bajito, y con cara de tristeza “es que ya tenemos sus resultados y usted es positiva”.

El miedo me abrazó y fue ese el momento en el que el grifo de mis ojos se abrió y no paraba de llorar. ¡Qué atrevido es el miedo y qué dolorosa la falta de fe!

Horas y preguntas más tarde, una de las doctoras me dice: “No la podemos dejar ir, necesitamos más exámenes y rayos x”. Ahí, de golpe y con esa frase, entraron a mi alma todos los síntomas del virus.

Años antes, cuando la pandemia aterrorizaba y tal Donald Trump tomaba cloro, en vivo y ante medios de comunicación, cuando no habían ni kits ni centros de atención especializados y cuando el miedo gobernaba un Mayo, pasé por este virus; sin embargo, parecía mi mente olvidar que lo había superado y se ocupaba en un trágico “me puedo morir”.

Ahora, días después, dramas, lágrimas y lecciones después, cavilo y me pregunto ¿qué le tengo que aprender a este segundo round de covid?

Cierro los ojos y le hablo en mi imaginario: “Siéntante, acomódate aquí a mi vera porque no vas a estar mucho tiempo, mírame a la cara y dime ¿qué me has venido a enseñar?”

Voy teniendo ideas, pero pueden variar, estoy aprendiendo un poco de:

Humildad. ¡Mira que no poder ser independiente y quedar a expensas de alguien más!

Previsión. ¿Estaba preparada espiritual, emocional, económica y laboralmente para enfermarme y quedar indispuesta al menos dos semanas?

Amor. Hay mensajes y llamadas que han dicho más en estos días que en los últimos años.

Humildad. Gracias por la comida servida, por el techo, por la cobija, por los servicios, por las manos que preparan lo que necesito para vivir y que yo no puedo proveerme ahora.

Paciencia. ¡Quién puede, en su sano juicio vivir en 4 paredes 15 días, 24/7!

Priorizar. ¿Realmente lo que deseaba y añoraba hace un mes es lo que hoy añoro y priorizo?

Humildad. Soy un todo, pero soy un todo vacío sin ti, sin un motivo.

Y juego tanto con la humildad, porque danzamos tanto con aquello de ser empoderadas, independientes y resilientes que se nos olvida que formamos parte de un entretejido social y que solo somos madeja de hilos en un paño enorme. No somos islas, no estamos solas, no soy solo yo, no es solo mi poder el que debo abonar. SOMOS, TENEMOS, COMPARTIMOS, y también DEPENDEMOS… Así, en plural.

Por último, este silencio que trae la enfermedad, ¿con qué lo lleno?

Me escucho aún más fuerte y claro.

Será momento de aprender o recordar a orar…

Soy positiva a Covid y aprendí que ahora debo decir “Padre, aquí estoy, ¿Qué es lo que me quieres decir?”

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