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Disfruta la compañía

Por: Elbia O. Escobar Sosa

Cuando decidimos compartir una vida con alguien y entregar nuestro tiempo y esfuerzo en una relación, siempre empezamos con la mejor disposición. Y no se diga si el enamoramiento entra en escena. Cualquier cosa que usualmente no nos gusta, en aquel ser humano objeto de nuestro afecto y atenciones, resulta insignificante y hasta gracioso. Los defectos no existen, los malos hábitos no molestan, y las descortesías y desinterés son compensadas.

Ceder ante las decisiones o pareceres del otro no parece un problema, y hacer para complacer es un verdadero gusto.  Todo eso en el ánimo de consentir una relación estable y disfrutar la mutua compañía.  Pero ¿cuándo el enamoramiento pasa, que te queda?

El temido momento de claridad aparece.  Entonces te molesta la forma de comer, los ronquidos, la forma en que se rasca, el desorden, sus cambios de humor, y te das cuenta de que no todo el tiempo esta bañada, perfumado y arreglado para salir.  Que se hurga la nariz, tose como si quisiera sacar los pulmones, o saca toda la ropa para ponerse la misma blusa que se puso desde dos horas antes, y como ya vas tarde no te nace decirle que se ve bien, etcétera, etcétera, etcétera…

Lo interesante de estas escenas mentales, es que eras tú quien no les daba importancia, pero allí estaban. 

La buena noticia es que de eso están hechas las relaciones reales, de personas que no son perfectas, y no están en las mejores galas 24/7, que tienen momentos malos y que, en el mejor de los casos, tienen la disposición de quedarse en tus momentos malos, y de quererte porque sí.  No porque lo merezcas o puedas hacer algo, o darles algo más, sino únicamente porque eres tú la persona con la que decidieron estar.  Que tienen el propósito de darte momentos memorables, vivencias nuevas, cuidarte, acompañarte, y que, si en algún momento te lastiman, será sin intención y no por vocación.

Si bien las relaciones perfectas no existen, debemos procurar que nuestro paso por la vida este acompañado de personas que dejen a su paso lecciones de vida y momentos buenos.  Algunas lecciones no serán fáciles, muchas de ellas dolerán, y muchas de estas personas no están destinadas a quedarse, y eso no significa que la despedida deba ser mala. Procuremos siempre dar, los que esperamos recibir, amar como nos gustaría que nos amen, ser honestos y reales, pero no con una licencia para ofender, sino al contrario, siempre procurando que las personas que se relacionan con nosotros se enriquezcan con nuestra compañía.

Es revelador cuando nos damos cuenta de que la relación que tenemos no es como pensábamos, sin embargo, también es una oportunidad para vernos a nosotros y con toda claridad preguntarnos, si nosotros estamos dando en la misma medida que pedimos.  Si merecemos lo que recibimos y damos lo que la otra persona merece.  Las personas que comparten nuestra vida, también merecen la mejor versión de nosotros y que seamos lo mejor que podamos.  Por eso no te pierdas complaciendo, conócete y ámate, di que no sin sentirte culpable si es lo que crees correcto.  Solo así serás feliz y otros podrán ser felices a tu lado, disfrutando de mutua compañía y afecto en este efímero paso por la vida.

Por: Elbia O. Escobar Sosa – Contador

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