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En voz alta, sin prejuicios, sin miedo

El verdadero amor no cabe ser enmarcado en ninguna etiqueta, no puede existir un sentimiento de amor genuino y puro que a su vez sea maligno y profano. El sentimiento de amor en su esencia será por siempre el más gentil de los sentimientos y el más divino. 

No se puede admirar aquello que no se ama y no se puede amar aquello que no se admira.  Hoy en día nos encontramos en la polémica de lo “moralmente correcto”, de lo “religiosamente permitido” y cada individuo como juez y parte de la vida de otros.

Una sonrisa, una mirada inocente que evoca el deseo de conocerse. Un ¿nos tomamos un café?, y ese café con aroma de complicidad de dos almas que se diseñaron en el cielo para encontrarse en la tierra. Un mensaje por la noche preguntando por como estuvo el día, totalmente refrescante y absolutamente cautivador y así pasan los momentos, los segundos, las horas hasta que llega esa melodía que estremece el corazón y le pone música a lo que se siente y en medio de la cobardía humana se envía la canción con un simple: “Escucha que linda esta”.  Cuando entonces se recibe esa llamada donde nos tomamos un vinito, la que significa el inicio de un idilio que pondrá la vida en su más bello esplendor.

En la premura del tiempo, en el miedo de perderlo, llegan los momentos en que las miradas hablan solas, la calidez de una caricia en la mano estremece el ser y la suavidad de los labios que invitan a perderse en la ternura. 

El éxtasis de una bella conversación en la que la afinidad se asoma por cada ventana que se abre a la mente y alma, el intercambio de pensamientos que construye la admiración. Los sueños despiertos que desvelan el corazón y que convierten la noche en un infinito firmamento lleno de estrellas por bajar y una luna que alcanzar.

Que deleite, que belleza, que idilio, que abrazó al alma encontrar al ser amado, vivir un mundo nuevo, abrir la puerta sin miedo, y entregarse con ternura viviendo la vida como si el mañana no existiera.

¿Qué diferencia hay allí de amor?, ¿cuál la perversión?  Si la sociedad se atreve a juzgar, que juzgue pero que lo haga donde haya maldad. Si quiere denunciar, que denuncie, pero que alce la voz a todos los abusos contra la niñez y la adolescencia, que sentencie a aquellos capaces de convertir a niñas en madres, que castigue toda la violencia de género y que señale la violencia que entre paredes y en silencio viven los miembros de varias familias. 

Al amor no se le pone una etiqueta, el amor no se juzga, el amor no se vive con miedo, ya que el amor se disfruta, se sueña, se abraza y como lo he leído en algunos lugares: “Todos merecemos que nos quieran en voz alta”, yo doy gracias porque amo la esencia de quien me roba el brillo de mis ojos y estaré eternamente agradecida porque puedo decir que me aman y me aman en voz alta.

Lic. Margarita Murillo, Psicóloga y Consejera Social

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