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Energía femenina y sanación colectiva

Se dice que un círculo se cierra sobre sí mismo, y por ello representa la unidad, lo absoluto, la perfección. Es un símbolo del cielo en relación con la tierra, de lo espiritual en relación con lo material.

La sabiduría ancestral, expresa que, desde siglos, las abuelas conversaban en círculo para hablar sobre temas relacionados a lo femenino, para enseñar a las más jóvenes, transmitir conocimientos, creando un espacio de seguridad en el que todas pueden sentirse seguras de abrir su mente y corazón a una experiencia de reflexión personal mediante un ambiente de equidad, respeto y sabiduría.

Siempre había escuchado la frase: cuando una mujer sana una, sanamos todas. En realidad no visualizaba el alcance e impacto positivo en la comunidad femenina hasta ahora que participé en un círculo de mujeres en el cual trabajamos algunos aspectos del auto cuidado.

Quiero compartir mi experiencia en participar primera vez en un círculo de mujeres donde aprendí y experimenté un proceso de sanación propia y colectiva junto a mis compañeras. Una parte fundamental dentro del círculo es la presencia de un elemento u objeto que tenga un significado o sea representativo para nosotras, como fue en nuestro caso, el fuego.

El fuego es el símbolo del conocimiento y la presencia del alma. Al colocar una intención, ésta se mantiene al encender el fuego con ella, lo que da lugar a crear un espacio sagrado, amoroso y de respeto, tanto para mí y las demás.

En dicho espacio nos limitamos emitir juicios hacia lo que otra compañera diga o haga, sino hablar de lo que ella nos hace sentir cuando comparte sus pensamientos y experiencias. Lo que nos permitió sentirnos libres de participar en cada ejercicio programado.

Autocuidado:

Uno de los temas a los que he dado mayor relevancia a mi vida es el tema del autocuidado. Debo confesar que por mucho tiempo era ignorante sobre este tema, aún lo soy, pero conforme voy aprendiendo, cada vez me intereso en buscar espacios que me enseñen a cuestionarme sin juzgarme y encontrar lo que debo sanar y cómo hacer conexión desde mi interior para llevarlo a cabo.

Desde tocar, sentir, y escuchar cada parte de mi cuerpo hasta cómo amarlo sin palabras. Amarlo en las sensaciones que emite desde lo más profundo de mi corazón y darme cuenta en la necesidad que tengo de mí misma. De darme atención, darme amor, ser mi prioridad, de saber que soy un ser vivo y que, por mucho tiempo, o tal vez nunca, me había adentrado al místico lugar donde habita mi niña interior, y decirle, acá estoy, yo te cuido, juntas saldremos adelante.

En este espacio de sanación colectiva, conocer a otras mujeres con heridas y frustraciones similares, sentir lo que ellas sentían y sentir cómo nuestro cuerpo y alma quedaba liviano y que conectadas podemos lograr adquirir esa confianza entre nosotras. Y lo mejor, despertar nuestra conciencia en que, no somos perfectas, pero sí un universo maravilloso. Somos una hermandad que puede curarse por sí misma.

Por: Karla Patricia González Mujer multifacética.

Aprendiz permanente de la vida.
Soy madre, esposa, emprendedora, profesional

https://twitter.com/patty_gonzz

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