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La depresión y tu cerebro

Por: Patricia Rodríguez

Sabemos que el cerebro es uno de los órganos más fundamentales e importantes. La depresión también afecta el hipocampo, encargado de la generación de nuevas neuronas, del aprendizaje y la memoria. El estrés continuado hace que el hipotálamo produzca mayores niveles de cortisol, la llamada “hormona del estrés” reduciendo la actividad del hipocampo. Es decir, una persona con depresión renueva menos sus neuronas. Esto hace más difícil para esa persona eliminar estímulos asociados al miedo.

Cuando se ralentiza la actividad del hipocampo, a la persona le cuesta más superar el miedo a acciones cotidianas (quedar con amigos, acudir al trabajo). Además, comienza a sufrir problemas de memoria, ya que la parte encargada de almacenar los recuerdos no funciona como debe.

Todo parece indicar que en la persona deprimida la amígdala, una zona relacionada con el procesamiento de las emociones, se desacopla de la red emocional. Esto haría que procesen con menos precisión las situaciones que tienen un impacto emocional y, por ende, que perciban los hechos neutros como negativos. En práctica, sería el mecanismo que les hace ver el mundo de color gris.

La depresión se puede iniciar a cualquier edad, aunque su mayor prevalencia se produce entre los 15 y 45 años. La sintomatología del trastorno puede ser distinta con la edad: los jóvenes muestran síntomas fundamentalmente comportamentales, mientras que los adultos mayores tienen con mayor frecuencia síntomas somáticos.

La prevalencia e incidencia de los trastornos depresivos es mayor en mujeres que en hombres, comenzando en la adolescencia y manteniéndose en la edad adulta.

Las enfermedades crónicas, tanto físicas como mentales y la posible asociación con el consumo de alcohol y tabaco también son factores de riesgo importantes.

Se ha observado que pacientes, fundamentalmente varones, con antecedentes de ataques de pánico, tienen mayor riesgo de desarrollar depresión mayor.

Se ha descrito una asociación entre migraña y depresión, de manera que los pacientes con depresión mayor presentaban mayor riesgo de sufrir migraña y a su vez, los que presentaban migraña (no otro tipo de cefalea) tenían mayor riesgo de depresión mayor.

Por: Patricia Rodríguez

Editora en Jefe de Revista Femenina

Correo: editora@sholbenmedia.com

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