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La felicidad de sentirse plena

Por: Amalia Martínez Vásquez

El otro día que escuchaba a mi abuela hablar, de cómo amaba cocinar para toda la familia, noté  destellos de felicidad en su mirada, una respiración profunda de paz y un sabor casero de amor. Para ella, no era solo servir un plato de comida, trataba de entregar, algo así como un amor transformado en alimento.

Entre plática, risas y experiencias mencionó que cada mujer está hecha de pequeños actos de felicidad, que al sumarlos hacen que alcance su plenitud. Erróneamente se piensa que la mujer solo debe lograr la superación profesional y económica para serlo, pero poco se habla de las demás actividades o situaciones que le brindan paz y donde verdaderamente se siente realizada.

Miles de mujeres hacen de su plenitud la cuna de un equilibrio emocional, una sincronía entre el ser y el darse a los demás. Sienten vitalidad al poder servir a la humanidad, no necesitan que se les aplauda cada acto realizado, se satisfacen con ver el rostro de los que aman, reflejar una sonrisa.

Una maestra se siente plena cuando sus estudiantes aprenden la lección, la señora que vende tamales cuando sus clientes están satisfechos por el exquisito sabor, la arquitecta al ver su obra terminada, la poeta al inspirarse en sus versos, la ama de casa al tener la casa limpia y nosotros las abuelas, al cocinar para toda la familia.

Esa tarde descubrí que la plenitud radica ahí, en donde tu energía es positiva, donde lo que se entrega y realiza es una celebración constante de vivir.

Por: Amalia Xiomara Martínez Vásquez

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