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Mamá es la culpable: consejos para manejar la culpa de madre

Por: Lissette Salazar

Nosotras las mujeres compartimos muchas cosas, sentimientos y deseos en común, pero algo totalmente compartido entre todas las mujeres que somos madres es la culpa.

Hace varios años, cinco meses después de quedar embarazada de mi primer bebé, migré por decisión propia con mi pareja. Mi bebé nació lejos de toda la familia y afuera de la zona de seguridad que tenía estando en mi país. Y bueno, sin darme cuenta, empecé a coleccionar mis culpas de madre. Sentí culpa por haberle “negado” la oportunidad de ser mimada y consentida por todos sus abuelitos, tías, tíos y primos.

Con el tiempo, mi bebé fue creciendo y mi culpa también. Muchas veces me sentí culpable porque no podía comprarle el juguete de última moda al ser mamá de casa. Que, aunque ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, pues disfruté a mi hija, la estimulé, aprendí y crecí como mamá a su lado cada minuto. Eso no hizo que la culpa, en muchos otros aspectos, desapareciera.

Otra de mis culpas fue al ver a otros niños comiendo los vegetales y las frutas tan fácilmente. Mi hija no lo hacía y yo pensaba: “fue mi culpa, algo hice mal durante la transición de lactancia a ingesta de sólidos”.

Y bueno, cuando llegó mi segundo bebé y tuve que dividir mi tiempo entre ambas niñas, me sentí culpable por no poder jugar con la grande mientras amamantaba a la pequeña o por no poder respetar el sueño tranquilo del bebe porque debía ir a recoger a la grande al colegio.

Pasa el tiempo y mis culpas continúan.

Cuando volví a trabajar a tiempo completo, porque deseaba volver a mi profesión y volver a experimentar esos sentimientos de realización profesional. Dejé a mis hijas con una niñera. Y haber escuchado a mi hija decirme: “mamá, es que cuando tú no estás y me cuida la niñera siento como que tú te moriste”. Literalmente, yo me morí y mi culpa me aplastó.

Y puedo seguir dando miles de ejemplos, pero lo importante es comprender por qué experimentamos estos sentimientos y como los podemos minimizar.

Desde el momento en que engendramos a nuestro bebé, hasta el momento en que nos morimos, siempre manejamos sentimientos de culpa. Ya sea porque sentimos que no hemos dado lo suficiente, porque fuimos muy estrictos o porque nos perdimos momentos especiales, entre otros. Y es normal.

En parte, la culpa que manejan las mujeres se debe a la presión social que se nos pone desde que somos pequeñas con los papeles que tenemos que cumplir y todas las etiquetas que tenemos que evitar. Pero cuando se trata de la culpa en la maternidad, también se debe a que es un viaje que emprendemos sin mapa, sin guía, sin GPS. Solo con un gran corazón y deseo de dar lo mejor por ese ser nuevo en nuestras vidas, utilizando las herramientas que hemos ido adquiriendo en el transcurso de nuestras vidas.

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Pero, la realidad es que a pesar de querer dar lo mejor, seguimos sintiéndonos culpables. Así que te comparto algunas cosas que me ayudaron a manejar la culpa y poder vivir más plenamente mi maternidad.

Consejos para manejar la culpa como madre

  1. Asistir y pertenecer a lo que llaman grupos de mamas. Un grupo de 8 a 10 mujeres que se reúnen una vez a la semana para platicar, comer y tomar un café mientras los niños juegan y comparten.  ¡Es una terapia! Ellas se convierten en tus amigas y mejores aliadas en estas épocas, porque es un alivio llegar a un lugar a escuchar y ver que otras mujeres están en tu misma situación. Y en esta situación debo decir que estando lejos, tuve la oportunidad de tener mis amigas locales, pero además tuve la dicha de compartir la maternidad con amigas a distancia con las que experimentábamos las mismas situaciones. Charlar con ellas y ser abiertas acerca de nuestros sentimientos y pensamientos fue una bendición.
  2. Responsabilizarme de mis decisiones. La maternidad fue un remolino que me hizo ver y valorar las cosas de diferente forma. Me llevó a ser aún más responsable de mis propias decisiones y forma de actuar, porque les daba el ejemplo a mis hijas. Me ayudó a dejar ir lo que no estaba bajo mi control, a estar consciente y enfocada en mi día a día.
  3. Ser compasiva conmigo misma. Y con esto me refiero a aceptar que me equivoco y que voy a ir aprendiendo en el camino. Ser compasivas con nosotras mismas significa tener un diálogo interno amable, respetuoso y positivo.

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Mis culpas no han desaparecido, siempre aparecen nuevas, pero me hago amiga de ellas, las escucho y trato de aceptarlas para mejorar. Espero que, en este día de la madre, con cada abrazo o beso que les den, ustedes abracen sus culpas y se hagan dueñas de ellas.


Por: Lissette Salazar

Ingeniera Industrial – MBA

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