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Mensaje para las madres: un café sin prisas

Por: Etty Rendón

A pesar de dedicarme hoy por hoy a la psicología, la vida me ha llevado de una manera u otra a estar en constante contacto con la docencia y el ámbito educativo, específicamente con niños. Recientemente, un estudiante de unos 10 años aproximadamente, en su clase de lectura, compartía con sus compañeros un libro tipo cómic elaborado por él en donde ilustraba como un niño genio había inventado “la máquina del tiempo”.

En ese momento, mi mente empezó a volar e imaginar, ¿a dónde me gustaría ir? ¿Al pasado o al futuro? Tú, ¿a dónde irías?… noté que mi tendencia era irme hacia el pasado, ver a seres amados que se han ido, revivir momentos de carcajadas y abrazos prolongados. Luego, todas estas imágenes se pausaron en una sola, en la que me veía de espaldas con una taza de café en la mano, con el pelo medio recogido, una blusa floja y sin ninguna prisa.

Disfruté tanto de esa visualización que se me hizo imposible hacerla a un lado y más imposible aún seguir haciéndome preguntas. En concreto, se quedó rebotando en mi cabeza, ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste un café sin prisas? Y la verdad, no lo recuerdo.

En resumen, te cuento que soy esposa, mamá de dos, y me divido en dos trabajos. Tengo una rutina bastante, podríamos decir, “corrida”. Tiempos medidos, días con tareas organizadas y repartidas, en fin, seguro muchas de las que leen esto se identificarán, o incluso tendrán sus días diez veces más corridos que el mío.

Esta pausa, que me llevó de una reflexión a otra, me hizo pensar en el valor que yo misma le he estado quitando a mi tiempo. Cuando no te detienes, cuando te dejas de último, cuando canjeas minutos de estar contigo por complacer y llenar lo que todos los demás necesitan. Das a los demás, llenas a los demás y, de pronto, te ves vacía. No me mal interpretes, dar es muchas veces más satisfactorio que recibir, pero si te anulas por completo, puede llegar a drenarte.

Así que hoy, con esta pequeña reflexión, quiero motivarte a que al menos una vez a la semana puedas tomarte ese café sin prisas. Pero tómatelo sin ver el reloj para saber los minutos que te quedan para beberlo, siente su calor, ve su vapor y disfruta cada sorbo, sabiendo que lo mereces. Porque cada día te levantas, sea cual sea tu rutina hoy, lo haces y sales adelante.

Despierta, ve a la cocina, enciende tu cafetera, prepara tu desayuno, el que más te guste, acompáñalo con tus melodías favoritas o alista el libro que estás leyendo ahora. Nútrete, no solo físicamente, sino mental y emocionalmente también.

Recuerda, antes de ser todas esas facetas que te representan, eres mujer.


Por: Etty Rendón

Psicóloga Clínica

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