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Reconocer, agradecer y avanzar

Con el paso de los años y tras vivir un sinfín de experiencias positivas y desfavorables he aprendido que es necesario lograr un equilibrio entre la familia, el trabajo, el estudio, el círculo social, el ejercicio y, sobre todo, la relación con Dios.

Llegar a este punto es el resultado de muchos aprendizajes y el tomar conciencia que somos seres integrales. Es precisamente cuando descuidamos alguna área, a veces, por la misma rutina en la que nos encontramos inmersas, podemos padecer alguna enfermedad física o a desarrollar algún trastorno como la ansiedad o depresión.

Por ejemplo, un dolor de cabeza está vinculado con las emociones y la tensión. El último episodio de una fuerte cefalea fue hace un par de semanas por un disgusto derivado de las críticas nada constructivas y constante recriminación (el quien me lo reservó por ética); llegué a somatizar una emoción que me rebasó y que me costó procesarla.  

Pese a que traté de aplicar la máxima “nada es personal,” que me enseñó una coach hace un tiempo atrás cuando emprendí el camino de aprender a desaprender muchas creencias con las que nos programan desde la infancia.

Sin embargo, fue hasta que decidí que es tiempo de cerrar el ciclo con agradecimiento y amor que el dolor de cabeza se disipó y la paz me inundó. Una vez más comprendí que debemos escucharnos y reconocer esas señales de alerta que emite nuestro organismo ante situaciones que nos desbalancean.

No es nada fácil mantener ese equilibrio entre cuerpo, mente y alma. Por ello, te preguntó ¿cuándo fue la última vez que te tomaste un tiempo para preguntarte cómo te cuidas combinando estos tres aspectos?

En mi caso, siendo honesta a finales de año que tomé la mejor decisión de iniciar el entrenamiento físico con una rutina de ejercicio sistemático en pro de mantener estables los niveles de azúcar y mi salud en general.

También empecé un proceso terapéutico, en el que estoy trabajando en superar la ansiedad, un trastorno que se origina por las emociones y del cual existen diversos cuadros clínicos y es vital examinar qué desencadena la ansiedad me está ayudando a manejarlas de mejor manera, reconociendo que necesito cuidar mi higiene mental y es un día a la vez.

Por último, la relación con Dios se ha convertido en mi prioridad y cuando uno se toma fuerte de su mano, la vida está más que completa.

Ahora sé que para ser una mejor versión de uno mismo hay que tener el coraje, la determinación y la sensatez para hacer un alto, analizar cómo estamos y qué necesitamos para crecer como ser humano atendiendo nuestro ser integral.

Por
Patricia Orantes Alarcón

Comunicadora Social

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