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Robó para hacerme feliz

Por: Patricia Rodríguez

Éramos dos par de locos y adolescentes, nos hicimos novios en la escuela. Nos llevábamos de maravilla y nos gustaba cantar. El tocaba la guitarra y ambos escribíamos canciones. Nos gustaba mucho la música y así fue como nos enamoramos, además de que era mi mejor amigo.

No teníamos dinero pero en ese entonces no nos importaba más que nuestra música y nuestro amor. La gente nos decía que no íbamos a durar, que lo de nosotros era pasajero y que no tenía futuro. Más no se imaginaban todo lo que nos esperaba juntos.

Salimos de la escuela pero no tuvimos la oportunidad de estudiar en la univesidad, nos fuimos a vivir juntos y en lo que el trabajaba como mecánico, yo hacia las cosas del hogar. La vida se nos volvía un poco complicada pero nunca nos faltaba nada.

Afortunadamente aún no teníamos hijos. El sabía que siempre había soñado con ir de viaje y conocer el mar. Era como un sueño desde niña pero que por falta de dinero y recursos no se dio.

No podíamos aún darnos el lujo de ir a la playa pero también sabía que soñaba con tener X marca de teléfono, a penas tenía uno viejo que ya estaba a punto de arruinarse, no era absolutamente nada moderno. Era como del año 2010.

Un día le robó a su jefe un dinero que sabía que tenía guardado. No habían cámaras entonces no le fue difícil. Llegó una noche a escondidas y el único que estaba era el poli de seguridad, pero estaba dormido y nunca vio nada.

Al día siguiente apareció con una sorpresa, un regalo y dijo que era algo que yo estaba esperando. Era un celular, el modelo que yo quería tener. Me sorprendió mucho pero dijo que había estado ahorrando para conseguirlo. Lo cual era mentira.

Despidieron al poli porque lo culparon de robo, el jefe dijo que era el “único que se encontraba esa noche en la oficina.” Todo esto lo supe cuando mi esposo me contó lo que realmente sucedió.

Un año después me confesó la verdad. Estaba todo arrepentido y yo no sabía qué decirle, lo hizo “por hacerme feliz”, pero estuvo muy mal. Despidieron a una persona que no tenía nada que ver, no tenía culpa. Me sentí realmente mal cuando supe todo pero ya no había nada que se pudiera hacer.

Platicamos lo sucedido y me dijo que estaba arrepentido pero al final así lo dejamos, fue algo que ambos nos lo llevaremos a la tumba, son de esas acciones que no son positivas pero que a la larga y con el tiempo no hay mayor cosa que hacer más que aceptar lo sucedido y no volver a cometer los mismos errores.

Por: Patricia Rodríguez

Editora en Jefe de Revista Femenina

Correo: editora@sholbenmedia.com

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