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Soltar para avanzar, recuerda que tu bienestar es prioridad

El pasado viernes puse punto final a uno de los capítulos en mi carrera profesional que me dejó como secuelas un desgaste físico, psicológico y emocional. Tras el envío de la carta de finiquito del contrato de esa consultoría, sentí una liberación total, volviendo a respirar con tanta tranquilidad, esa que sólo proviene de Dios.

Fue una época muy estresante para mí, sé que di mi 100% por ciento e hice mi mayor esfuerzo para llevar a cabo mis tareas, pero la realidad de pasar pegada a la computadora más de ocho horas, de lunes a viernes e incluso fines de semana me llevaron a mi límite, al punto que mi organismo empezó a manifestar su cansancio por medio de enfermedades como la rinitis o conjuntivitis viral. Además, empecé a padecer de ansiedad e insomnio, producto de la toxicidad de ese entorno laboral en el que estuve inmersa por más de 6 meses.

Esta experiencia me hizo reflexionar si quería continuar “resistiendo”, como me pidió el contratista, se dice fácil pero el estar en el día a día conviviendo con personas que no aceptan un no por respuesta a sus requerimientos de última hora sin que sean de vida o muerte (trascendentales), no conocen los límites y mucho menos no saben gerenciar con educación y un trato respetuoso a su contraparte; me dejó grandes lecciones como el respeto a cualquier persona sin importar su cargo es imprescindible y el escucharse para decidir con total honestidad es fundamental, porque primero estoy yo y mi bienestar.

También aprendí que todo es un ciclo y hay que tomar de las experiencias desfavorables los aprendizajes que nos sumen para seguir creciendo y evolucionando para ser una mejor versión. Una de esas lecciones de vida fue que ninguna remuneración se equipara con estar en paz con uno mismo y decir hasta aquí con una voz firme, clara y sin temor.

Como mencioné anteriormente, el decir no más fue un proceso liberador, al punto que volví a dormir profundamente, a sentirme relajada y feliz, como hacía mucho que no lo hacía.

Para reponerme de este desgaste estoy tomando unos días para hacer un alto y tomar nuevos aires para continuar desarrollándome en la profesión que tanto amo; sabiéndome más tranquila, segura y confiada en que Dios ha preparado mejores oportunidades y proyectos.

Dios ha sido mi refugio, mi fortaleza y mi ancla en los momentos de turbulencia en este camino, llamado vida. Él ha escuchado mis aflicciones y mis peticiones, sé que siempre está allí para mí cuando lo busco para hablarle en cualquier momento o lugar.

Otra de las lecciones que agradezco a esta situación, es el soltar para poder avanzar, porque quedarse acuchuchando la piedra que tanto nos lastimó sólo perpetua el malestar, estancándonos en situaciones que nos drenan la energía. La vida es un devenir de emociones, las cuales debemos aprender a manejar para que seamos asertivos y coherentes entre lo que decimos y hacemos.

Te invito a que cuando estés atravesando una circunstancia que te empiece a afectar, tómate un tiempo para identificar cuáles son las emociones que te están moviendo y conversa para externar esa molestia para que no te afecte física, psicológica o emocionalmente. Busca siempre tu bienestar y procura estar en armonía contigo para que nada te turbe.

Por: Patricia Orantes Alarcón Comunicadora Social

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patricia.orantes@comunicacionydigital.com

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