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Los olvidados del cuento

Por: Rita Ambrosy

Siempre en toda historia, cuento o película hay personajes que sólo sirven como extras o de relleno. Y está bien, hasta que ocurre en el día a día; pasas a formar parte del grupo de “los olvidados del cuento”.
Me ha tocado ser protagonista, pero también he sido parte del otro grupo, de los olvidados. No es que me queje, es importante saber estar en ambos lados y conocer lo que se siente.

Pero, ¿qué pasa cuando lo ves desde otro punto de vista? ¿Qué pasa cuando eres protagonista en una temporada difícil de la vida donde estás postrado en una cama en el hospital? ¿Qué pasa cuando te vuelves la protagonista con una enfermedad que no tiene cura? Desde ese punto de vista, creo que muy pocos quisiéramos ser “los protagonistas” de la historia.

Hasta el momento, no he tenido que vivir personalmente ese papel en la vida real, gracias a Dios. Pero, sí he vivido con seres queridos que han tenido que jugar ese papel y que, lamentablemente, como en una película, ahora en los créditos al final saldrá: “En memoria de…”. En estos casos, he sido de papel secundario, de “los olvidados del cuento”.

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En el momento en que un doctor o un familiar luchaba por mantener con vida a la persona, que en ese momento jugaba el papel protagónico, todos los demás se volvieron invisibles. En las salas de hospitales, todos llegan a ver al enfermo, a preguntar ¿cómo está? Y no es algo malo. Pero, no se han puesto a pensar que el enfermo está perfectamente bien atendido. ¿Qué hay de las personas que están nerviosas, con miedo e incertidumbre en esas frías salas de espera?

Yo te invito a que la próxima vez que tengas la oportunidad de ir a visitar a un enfermo en un hospital o en su casa, le pongas atención a los familiares. No a los más cercanos, sino aquellos que, en ese momento, juegan un rol secundario. Ellos, “los olvidados del cuento”, son aquellos que no son nombrados en la lista de familia cuando anuncian la partida de algún ser querido; son aquellos que cuando el enfermo está en cuidados intensivos o “recluído en su cuarto”, ni siquiera verlo.

Hace muchos años, prometí que cada vez que llegara a visitar a un enfermo, centraría más mi atención en aquellos que están sentados en la sala de espera, sin un grupo de personas a su alrededor dando apoyo. Porque ellos, además de sentir la misma tristeza por su enfermo, se sienten solos y sienten mucho miedo. Lo sé porque he estado ahí. Ofréceles apoyo, un abrazo, una oración. A veces basta con saber que hay alguien al lado de uno acompañándolo, sin decir nada, solo estando. Deja a un lado la pena o la indiferencia. Podrás llevar alivio al corazón de alguien, ayudarás a mitigar su tristeza, a alivianar su carga, aunque sea por unos minutos.

Propongámonos ir borrando a “los olvidados del cuento”, porque para Dios todos somos hijos. Dios no tiene pareja, no tiene primos, nietos… Dios solo tiene hijos y para Él todos somos igual de importantes.
Les dejo paz y amor.


Por: Rita Ambrosy

Escritora, Hotelera y Maestra

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Rita Ambrosy

Maestra de Preprimaria Bilingue, Hotelera, Escritora.

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