A flor de pielDe cabeza

Milagros ocurren, cuando te mueves confiando

Era mi casa soñada, el lugar perfecto para estar. La naturaleza, amaneceres de película, atardeceres que enamoran. Flora y fauna variada, bosque mágico. Fueron 3 años y meses increíblemente felices, ahí empecé a vivir la Pandemia, no había temor, estaba aislada de todo y de todos. 

Fue un tiempo de interiorizar, de autoconocimiento. De descubrimientos, de conocer mi capacidad de buscar intencionalmente la paz interior, un tiempo de soltar, de decir adiós a lo viejo. Un tiempo de mucha paz. Pero no todo dura para siempre, en esta vida todo, “absolutamente todo es pasajero”, lo bueno también se acaba.

Sentí que no iba a poder soportar el salirme de ese lugar mágico, peleé con el cambio, me opuse a él conscientemente. En el fondo sabía que no podía hacer nada más, que era tiempo de soltar, de aceptar esta nueva etapa. Por un momento se me olvidó que, si yo invito a Dios en todo, Él va a estar en todo y que las cosas que me pasen, es porque tienen que pasar, no son buenas, no son malas, solo son tiempos que debemos vivir.

Entonces decidí empezar a confiar, me relajé un poco y tomé todo lo aprendido, toda la enseñanza que ese lugar y ese tiempo específicamente me habían dejado. Todo eso lo metí a la maleta de las experiencias guardadas y entró en el camión de mudanzas. Hay corazonadas que se sienten muy fuertes, que en cierto modo te dan paz y otras también te la pueden quitar, para mi suerte estas me daban paz.

El ultimo día regresé a despedirme del bosque, de las flores, de la vista, del horizonte, del aire, fui a cerrar ese ciclo y empezar, aunque secándome las lágrimas, empezar de nuevo. En el nuevo lugar se percibía una sensación de seguridad que no tenía el anterior, una paz de forma diferente.  Entendí que cuando empecé la búsqueda de la casa, le pedí a Dios que Él me guiara a la casa que Él había escogido para nosotros y definitivamente Él no se equivoca. Esta era la casa que necesitábamos en ese momento.

A los dos meses de ya no vivir en aquel lugar mágico, nos enteramos de que por las fuertes lluvias, justo el día de mi cumpleaños, un árbol grande y viejo que estaba muy cerca de la casa cayó sobre el parqueo. Ahí vi otra vez la mano de Dios, a solo unos meses nos había salvado de algo peligroso.  A los tres meses mi hijo mayor se fue a estudiar fuera del país y nos quedamos en casa, la mayoría del tiempo, mi hija y yo solas. Estábamos, como repito, en un lugar más seguro, son esos detalles que cuando pones atención ves que Dios hizo un movimiento magistral de las piezas del tablero de ajedrez y con cada uno de esos detalles divinos, te recuerdas que debes de confiar en Él. 

Después de casi 11 años de no tener trabajo, un día me decidí y publiqué en mis redes que buscaba trabajo desde casa, si alguno de mis conocidos sabia de algo que por favor me lo hicieran saber, a la hora de haberlo publicado, recibo un mensaje de una amiga diciéndome que tiene un puesto en ventas de Bienes Raíces, no había trabajado en eso, pero sí en ventas por más de 25 años así que tan difícil podía ser…  Le dije que sí quería, a los 15 minutos tengo una reunión por Zoom con la dueña de la empresa y ahí mismo me contrata. ¡Ya tenía trabajo! Después de 11 años.  

En mi primer recorrido a una propiedad, me sentí viva nuevamente, como que algo se despertó en mí, era útil nuevamente.

Hace un par de meses le informan a mi esposo que por la situación del país debía de retirarse de su trabajo y unas semanas después se activa un proyecto de forma totalmente divina, conexiones que solo pueden venir de Dios. En lugar de tener pena, preocupación o miedo, tenemos paz. Si Dios no nos ha dejado antes, no lo va a hacer ahora, Dios no cambia, si Él dijo que iba a estar con nosotros hasta el final de nuestros días, así va a ser. Solo tengo que confiar.

Saben, tenemos opciones que podemos tomar. Las decisiones podemos tomarlas solos o podemos tomarlas de la mano de Dios, igualmente Él nos va a permitir cualquiera de las dos, por eso existe el libre albedrío. El camino que tomemos tendrá sus consecuencias y estas pueden ser difíciles o de éxito. Eso dependerá del camino que tomemos, casi siempre el camino que te conduce al éxito es el menos llamativo, el más difícil.  Pero definitivamente por eso Dios es Dios, Él sabe lo que es mejor para nosotros. 

Tal vez no estés hoy en el lugar que planeaste, haciendo lo que siempre te imaginaste y planificaste tanto tiempo en tu mente.  Incluso puedes no estar con la persona que soñaste, pero si cada día al empezar y cada noche al finalizar se lo pones a Dios, seguro Él hará y moverá de manera magistral las piezas que tenga que mover en el tiempo que se tenga que dar y lo que nos queda a nosotros es confiar y seguir buscándolo para que nunca nos haga falta su bendición y protección.

Cuando te mueves confiando en Dios, todas las etapas que terminan o empiezan son etapas de bendición, de aprendizaje.  Te aseguro que cualquier etapa que estés viviendo, buena o mala, mejor pasarla de su mano, que lo más seguro es que, aunque estés en medio de una tormenta, si Jesús va contigo en la barca, llegarás a puerto seguro.

Te dejo paz y luz.

Por Rita Ambrosy Valenzuela

Escritora, Maestra de Pre Primaria y Hotelera

FB: https://www.facebook.com/ambrosyrita

IG: Instagram: https://www.instagram.com/ritaambrosy

Revista Femenina

Revista Femenina Digital es el principal medio de comunicación hecho por y para mujeres en Guatemala.

Publicaciones relacionadas

Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
Botón volver arriba